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Una familia tipo (dos padres y dos hijos) necesitó en mayo ganar casi $218.000 para no ser pobre, según la Canasta Básica Total (CBT) que mide el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
La CBT creció el mes pasado 7,2%, por debajo de la inflación general del 7,8% de ese mes, y quedó exactamente en $217.916. Y a nivel interanual la suba fue de 118,6%, por arriba del IPC general. Por su parte, la canasta alimentaria, debajo de la cual se cae en la indigencia, aumentó 5,2% y cerró en $99.053.
La CBT determina la denominada “línea de pobreza” y además de alimentos incluye otros ítems, como gasto en indumentaria, salud, transporte o educación, aunque no releva el dato clave del alquiler. Por su parte, la canasta alimentaria mide el gasto en alimentos y algunos artículos de primera necesidad, con lo que determina el nivel de indigencia.
En los primeros cinco meses del año, la canasta total se incrementó 42,9% (apenas encima del IPC general del 42,2%) y la canasta alimentaria 47,4%. A nivel interanual la suba fue de 118,6% y 122,6% respectivamente, en ambos casos superando la inflación.
En otros formatos de familia, una de tres integrantes (mujer de 35 años, hijo de 18 años y abuela de 61 años) necesitó $173.486 para no ser pobre y $78.857 para no ser indigente. Una familia de cinco integrantes (marido y mujer de 30 años, y tres hijos) precisó $229.199 para no caer en la pobreza y $ 104.182 para no ser indigente. Y un adulto que vive solo necesitó $70.522 y $ 2.055, respectivamente.
Los alimentos registraron en mayo una suba del 5,8% mensual, dos puntos debajo del promedio general, aunque varios productos registraron incrementos marcados: el tomate redondo (38,4%), azúcar (29,1%), arroz blanco (18%), arvejas (16,8%), tomate entero en conserva (14,9%) y manteca (14,1%).
Para empeorar el panorama, un estudio del Observatorio de la Deuda Social de la UCA aseguró que los trabajadores ocupados pobres que son jefes de hogar aumentaron de 29,5% en 2019 a 30,1% en 2022. Además, el 19,9% de los asalariados formales viven en hogares pobres y entre los informales el porcentaje trepa al 38,4%.
Según el informe, “aún cuando un ocupado tenga ingresos por encima de la línea de pobreza individual, (…) la presencia de niños y adolescentes en el hogar aumenta significativamente las chances de que un trabajador viva en condiciones de pobreza”.
También señala que “los empleados informales, con trabajos precarios y jornadas parciales, tienen más chances que el resto de vivir en hogares pobres. Por ejemplo, los asalariados y no asalariados en el sector informal tuvieron durante 2017-2022 el doble de chances de ser pobres que los asalariados formales”.
Otro dato importante es que entre 2010 y 2022 crecieron los trabajadores (tanto asalariados como cuentapropistas o empleadores) a quienes no se les hicieron o no realizaron aportes a la seguridad social: pasaron del 47,7% al 49,8% del total de ocupados. "La persistencia de la falta de aportes a la seguridad social es otro de los indicadores de los problemas estructurales que debe afrontar el escenario laboral argentino”, concluyó el informe.