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El wood frame avanza en distintas partes del país con obras más rápidas, eficientes y de bajo impacto ambiental.
La construcción con madera dejó de ser un recurso marginal y se instaló con fuerza en urbanizaciones del Gran Buenos Aires, la Costa Atlántica y distintas zonas de la Patagonia. Familias jóvenes y desarrolladores privados buscan alternativas rápidas, limpias y eficientes frente al ladrillo tradicional.
En ese escenario, el sistema wood frame se consolidó como una opción capaz de ofrecer confort, aislamiento térmico y plazos de obra muy breves. Empresas del sector y especialistas coinciden en que el fenómeno se explica por la combinación de tecnología industrializada, costos ajustables y un impacto ambiental menor.
El wood frame utiliza perfiles y placas estructurales de madera tratada, con paneles aislantes que conforman muros rígidos y estables. Los materiales suelen provenir de pino o eucalipto de bosques cultivados. Este método permite levantar viviendas en plazos que rondan los 60 días, según superficie y nivel de terminación.
El sistema de entramado en madera permite reducir residuos y optimizar la eficiencia energética durante toda la construcción.
El proceso es distinto al de la obra húmeda: emplea piezas industrializadas, reduce la dependencia del clima y genera pocos residuos. El armado del entramado forma cavidades donde se insertan materiales aislantes, lo que da lugar a paredes livianas y resistentes. Gracias a esa tecnología, un muro de madera de diez centímetros ofrece un rendimiento térmico muy superior al de un muro de ladrillo u hormigón.
En varias urbanizaciones privadas ya se observan obras con esta modalidad. “El wood frame dejó de ser una rareza”, sostienen especialistas del sector. Según empresas consultadas, una vivienda de 70 a 80 m² puede completarse en un período de seis a siete semanas, mientras que una casa de 150 m² demanda entre cuatro y seis meses. En cada obra participan equipos reducidos, de cinco a seis trabajadores, lo que agiliza la coordinación y evita superposiciones.
Uno de los puntos fuertes de este sistema es su capacidad para ajustarse a distintos presupuestos. Las viviendas con terminaciones estándar parten en torno a los US$580 por m², mientras que los proyectos de mayor complejidad alcanzan valores cercanos a US$1400 por m². Los costos dependen del tipo de paneles, el nivel de aislación, la calidad de las aberturas y las terminaciones interiores.
El aislamiento térmico marca una diferencia clave. En un país donde calefacción y refrigeración consumen cerca del 40% de la energía residencial, la eficiencia de la madera permite reducir ese gasto de forma notable. Para especialistas del sector, una vivienda bien aislada puede disminuir el consumo energético entre 30 y 50%, según la zona climática.
El impacto ambiental también resulta menor. La construcción con madera utiliza poca agua, genera desperdicios reducidos y emplea un material capaz de capturar carbono durante su crecimiento, a diferencia de otros sistemas que liberan CO en su proceso industrial. Por eso, empresas y estudios de arquitectura señalan que la sustentabilidad, más que un eslogan, surge como una consecuencia natural de la planificación en seco.
El wood frame cuenta con un marco regulatorio validado por el INTI y por los reglamentos CIRSOC 601 y 602, que establecen parámetros estructurales y térmicos equivalentes a los de la construcción tradicional con ladrillo. Esa normativa otorga previsibilidad y facilita la aprobación de proyectos en municipios y barrios privados.
La expansión no se limita al área metropolitana. En provincias con fuerte desarrollo forestoindustrial, como Misiones, Corrientes y Entre Ríos, este sistema se integra a cadenas productivas basadas en madera cultivada. En la Costa y la Patagonia, la preferencia por materiales naturales también impulsa su adopción.
La experiencia internacional refuerza la tendencia. Países como Canadá, Noruega o Suecia utilizan sistemas constructivos en madera para más del 90% de sus viviendas. Incluso existen torres de gran altura —como Mjøstårnet, en Noruega— que demuestran su capacidad estructural.