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Alberto Fernández es el presidente de la desigualdad. Su gobierno fue testigo de una recuperación del Producto Bruto Interno (la economía) luego de las caída que ocurrió con Mauricio Macri, previa al golpazo por la pandemia. La economía es más grande que cuando asumió Fernández, pero hay más pobres aún cuando cayó el desempleo prácticamente a la mitad.
No bien asumió Fernández, irrumpió el COVID 19 frente a lo cual se paralizó gran parte de la economía. En el año 2020 la caída del PBI fue del orden del diez por ciento, pero la economía se recuperó rápidamente luego. En cambio, la pobreza creció.
En el segundo semestre de 2016, la pobreza era de 30%, según la encuesta permanente de hogares del INDEC. Mientras que a fines de 2019, al término del gobierno de Mauricio Macri, eran más del 35% los pobres después de tres años de caída del PBI y uno sólo con mejora (2017).
Fernández asumió muy poco tiempo antes de que irrumpiera el COVID-19. La economía se desplomó casi 10% en 2020. Y la pobreza saltó al 42% a fines del 2020. La economía se recuperó rápido. En 2021 creció lo mismo que había caído en 2020. No obstante, la pobreza se contrajo hasta el 37,3%, un nivel más alto del que dejó Macri.
En 2022 se dio una contradicción difícil de explicar para un gobierno autodenominado popular: creció la economía y también la pobreza. El país produjo más, pero a la vez envió a más gente a la pobreza. A fines del año pasado el 39,2% de la población vivía bajo la línea de pobreza, con 8% en la indigencia. La economía crecía mientras tanto.
Claramente creció la desigualdad en la participación de la riqueza nacional. Mientras algunos vieron crecer su parte por encima del nivel del crecimiento del PBI, muchos perdieron terreno. Con más riqueza nacional aumentó la cantidad de pobres que habitan el país.
El Presidente culpa a la pandemia, la guerra y la sequia por el desastre social, pero en realidad fue la política de su gobierno la responsable. La misma responsable de que el Banco Central se quedara sin reservas mientras la balanza del comercio exterior le daba unos diez mil millones de dólares a favor por año.
Fernández se jactó recientemente de haber duplicado la inflación mientras en otros países se quintuplicó. Y en parte el aumento de la pobreza con la economía creciendo tiene que ver con que la inflación ya superó el ciento por ciento y no muestra signos reales que entusiasmen. No tiene nada que ver la situación argentina con la de los países con los que hizo la comparación el mandatario peronista, puesto que en ninguno de esos los precios subieron más del diez por ciento en un año.
Con los ricos más ricos y más pobres que nunca en los últimos 15 años, Fernández termina su mandato sin ninguna chance para la reelección y la cancha embarrada como pocas veces para cualquier candidato de su frente político que quiera competir por el cargo. Debería ocurrir un milagro, más que un cisne negro, para que el peronismo gane la presidencia luego de gobernar con la inflación al 114 por ciento anual y la pobreza acercándose a la mitad de la población.