El ministro de Economía busca cerrar la revisión del acuerdo y avanzar en un desembolso.
El ministro de Economía, Luis Caputo, viaja a Estados Unidos en una semana importantísima para la relación con los organismos internacionales. El funcionario participa de las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial en Washington, con un objetivo concreto: cerrar la segunda revisión del acuerdo y avanzar en el desembolso de US$1000 millones.
El viaje se da en un contexto de negociaciones intensas y con señales mixtas desde el frente económico. Mientras el Gobierno busca mostrar orden fiscal, hay desafíos en materia de reservas y expectativas de crecimiento. La reunión con el Fondo aparece como un punto central para enviar señales a los mercados.
Caputo viaja acompañado por el viceministro José Luis Daza y tiene una agenda cargada de encuentros bilaterales. El eje principal es la reunión con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, en el marco del programa vigente por US$20.000 millones .
Además, el ministro mantiene contactos con referentes de otros organismos multilaterales. Entre ellos, el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga; el titular del BID, Ilan Goldfajn; y el presidente del Banco de Desarrollo de América Latina, Sergio Díaz Granados.
La agenda incluye también participación en foros internacionales. Caputo forma parte de la reunión del Comité Monetario y Financiero Internacional, uno de los espacios más relevantes para la discusión de la economía global.
A eso se suma su presencia en encuentros del G20, donde se abordan temas como crecimiento y educación financiera .
El foco de la visita está puesto en la segunda revisión del acuerdo con el FMI. Este proceso evalúa dos variables centrales: el desempeño fiscal y la acumulación de reservas.
En el frente fiscal, el Gobierno muestra resultados por encima de lo comprometido. El superávit primario alcanzó cerca del 1,4% del PBI, superando la meta inicial. Sin embargo, no se logró el nivel más ambicioso que proyectaba el equipo económico.
El panorama cambia al analizar las reservas. Allí surgen las principales dificultades. El Banco Central no alcanzó los objetivos pautados, lo que obliga a negociar un posible pedido de waiver, es decir, una dispensa del organismo .
En respuesta a esa situación, se anunció un plan para reforzar las reservas en unos US$10.000 millones. Este punto resulta clave para avanzar en la revisión y habilitar el desembolso pendiente.
El cierre de esta instancia no solo implica la llegada de fondos frescos. También representa una señal política y financiera. Un acuerdo con el FMI refuerza la confianza externa y marca el rumbo del programa económico.
En paralelo a la visita, el FMI publicó nuevas estimaciones sobre la economía argentina. Los datos no resultan favorables para el Gobierno. El organismo recortó su proyección de crecimiento para 2026 al 3,5% del PBI y ajustó al alza la previsión de inflación, que ubica en torno al 30,4% anual .
El escenario responde, en parte, al contexto internacional. Factores como los conflictos en Medio Oriente impactan en las variables económicas globales y condicionan las expectativas.
Para el año siguiente, el Fondo mantiene una proyección de crecimiento del 4%, con una desaceleración inflacionaria hacia el 15,7% anual. Aun así, el corto plazo presenta desafíos.
Desde el Gobierno, el mensaje busca sostener el optimismo. Caputo aseguró que la inflación tenderá a bajar y proyectó un escenario de mejora para los próximos meses. El discurso oficial apunta a consolidar expectativas positivas en medio de un contexto exigente.
La visita a Washington se convierte así en un momento clave. Entre negociaciones técnicas, encuentros políticos y señales al mercado, el resultado de esta gira puede marcar el pulso de la economía argentina en el corto plazo.