Más de 60 efectivos y fuerzas federales participaron del rastrillaje en la precordillera salteña que permitió localizar al principal acusado tras días prófugo.
La captura de Daniel Orlando Serapio, señalado como el presunto responsable del femicidio de Natalia Cruz, significó un punto de inflexión en la investigación y puso fin a varios días de búsqueda que mantuvieron en alerta a la provincia de Salta.
El hombre permanecía prófugo desde que se descubrió el crimen y fue localizado en una zona de difícil acceso, tras un amplio despliegue de fuerzas de seguridad.
El procedimiento se concretó en las inmediaciones de la estación de tren Diego de Almagro, en la precordillera salteña, donde el sospechoso se ocultaba en una cueva. Desde el momento en que se confirmó su paradero, la fiscal penal de la Unidad de Femicidios (UFEM), Luján Sodero Calvet, se trasladó hasta el lugar para supervisar personalmente la detención y coordinar las actuaciones judiciales correspondientes.
Serapio fue sorprendido en un paraje recóndito, donde intentaba ocultarse aprovechando las condiciones geográficas de la montaña.
La captura no fue sencilla debido a las características del territorio. El personal policial debió avanzar a pie por senderos de la precordillera para evitar ser detectados y asegurar que el sospechoso no tuviera vías de escape. Las autoridades destacaron que la planificación fue clave para concretar la detención sin que se produjeran incidentes violentos.
Tras la aprehensión, la representante del Ministerio Público Fiscal mantuvo un encuentro con familiares de la víctima. Según se informó oficialmente, durante esa reunión se brindaron detalles sobre el estado procesal de la causa y se atendieron las consultas de los allegados, en un intento por garantizar transparencia y acompañamiento en medio del proceso judicial.
El operativo que permitió dar con el paradero de Serapio involucró a más de sesenta efectivos pertenecientes a distintas áreas especiales de la Policía provincial.
La búsqueda también contó con la colaboración de fuerzas federales y de otras provincias. Participaron efectivos de la Policía Federal Argentina, binomios caninos de la Policía de Catamarca y personal de la Gendarmería Nacional Argentina, cuya intervención se concretó a partir de gestiones realizadas por el Ejecutivo salteño.
En el marco de las tareas para dar con el sospechoso, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, dispuso una recompensa de 10 millones de pesos destinada a quienes aportaran datos certeros sobre su ubicación. El mandatario siguió de cerca el desarrollo del operativo y estuvo presente en las bases montadas para coordinar las acciones.
“Vamos a ir hasta las últimas consecuencias”, aseguró, al tiempo que consideró que la detención permitirá avanzar hacia el esclarecimiento total del caso.
Sáenz también adelantó que se analiza si existieron posibles falencias en la asistencia estatal que debía recibir la víctima. En ese sentido, indicó que se iniciaron actuaciones internas tanto en el Ministerio de Salud como en el Ministerio de Seguridad para evaluar eventuales responsabilidades administrativas.
Por su parte, el procurador general de la provincia, Pedro García Castiella, sostuvo que la detención del acusado permitirá profundizar el análisis de las pruebas recolectadas y avanzar con mayor precisión en el estudio de los elementos criminalísticos y de la escena del crimen. “Toda la sociedad tiene que tener la tranquilidad y seguridad de que se investiga punto por punto cada una de las alternativas del caso”, expresó.
En paralelo a la búsqueda principal, las autoridades lograron identificar y detener a dos personas que habrían colaborado con la huida de Serapio. Ambos quedaron imputados por presunto encubrimiento y continuarán sometidos a sus respectivos procesos judiciales, mientras que la investigación por el femicidio de Natalia Cruz seguirá su curso de manera independiente y conforme a las etapas procesales previstas por la ley.
El crimen se produjo la tarde del martes 17 de febrero en una vivienda ubicada en la Manzana 79 del barrio Luz y Fuerza de Campo Quijano. En ese domicilio, la pareja mantuvo una fuerte discusión cuyo desencadenante aún es materia de investigación. El intercambio verbal fue escalando hasta derivar en una agresión física.
El ataque tuvo lugar en una de las habitaciones de la casa, mientras otros familiares de la joven se encontraban en el interior del inmueble. De acuerdo con la reconstrucción realizada por los investigadores, tras la agresión el hombre salió del cuarto y cerró la puerta con llave. La madre de la víctima lo enfrentó al advertir la situación y, según consta en la causa, el sospechoso admitió lo ocurrido antes de escapar.
Aunque los familiares lograron encontrar a la mujer con vida, las lesiones que presentaba eran de extrema gravedad y falleció poco después. Los informes preliminares indicaron que el cuerpo evidenciaba golpes y signos compatibles con asfixia mecánica.
El último contacto directo del sospechoso antes de desaparecer fue una llamada telefónica a su madre durante la noche del crimen. En esa comunicación le habría manifestado: “Me mandé una cagada, cuidá a los chicos”, frase que fue ratificada por personas del entorno familiar en el marco de la investigación.
Como parte de las primeras diligencias, la única pista concreta hallada fue la camioneta del acusado, encontrada abandonada sobre la ruta nacional 51, en el tramo que conduce hacia San Antonio de los Cobres. A partir de ese hallazgo se desplegó el amplio operativo que, días después, culminó con su detención en la zona montañosa.