El fundador del refugio El Montecito de los Canichones perdió la vida en un siniestro vial. Su repentina partida deja un legado imborrable de amor por los perros.
Una tragedia vial conmocionó este jueves a la comunidad santiagueña y al mundo de la protección animal de todo el país. Eduardo Grooh Riemersma, conocido como El Polaco, murió a los 49 años tras protagonizar un violento accidente mientras circulaba en motocicleta por la avenida Alsina y calle Ramón Gómez Cornet, en Santiago del Estero. El hecho ocurrió alrededor de las 15.40 y fue registrado por la Comisaría Comunitaria N° 1.
Según el informe policial, Riemersma circulaba por calle Alsina en sentido este-oeste cuando, al llegar a la rotonda de la intersección con Ramón Gómez Cornet, perdió el control de la motocicleta y se produjo un derrape. Como consecuencia del accidente, sufrió graves lesiones y quedó inconsciente en la vía pública. Personal del SEASE acudió al lugar y lo trasladó de urgencia al Hospital Regional, donde el médico de guardia informó que había ingresado sin signos vitales.
El fiscal de turno, Dr. Martín Silva, dispuso una serie de medidas para determinar con precisión cómo ocurrió el siniestro: intervención de Criminalística en el lugar del accidente, relevamiento de las cámaras de seguridad de la zona y traslado del cuerpo a la Morgue Judicial para las pericias correspondientes.
Eduardo Grooh Riemersma era mucho más que un nombre en el mundo proteccionista. Era el fundador y alma de El Montecito de los Canichones, el refugio que durante años albergó a más de 400 perros en situación de abandono y que se convirtió en un símbolo del activismo animal en Santiago del Estero.
Desde ese espacio desarrolló una tarea incansable de rescate, cuidado y concientización que trascendió las fronteras provinciales y lo convirtió en una figura querida en toda la Argentina.
Su trabajo era cotidiano y silencioso: recoger animales de la calle, darles atención veterinaria, buscarles hogares y sostener el refugio con recursos propios y donaciones. Quienes lo conocían destacan su dedicación sin límites y su carácter generoso. La noticia de su muerte generó una ola de mensajes de despedida en las redes sociales, con cientos de personas que compartieron fotos junto a él o junto a los perros que él había rescatado.
La última publicación que hizo en sus redes antes del accidente fue, como casi todas las anteriores, sobre los animales que tenía a su cargo en El Montecito de los Canichones. Se fue haciendo lo que siempre hizo: pensar en ellos.