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El primer round presidencial ha finalizado. Javier Milei se subió al ring electoral con la arrogancia propia de un Mohamed Ali de ojos claros y pelos revueltos, repartiendo trompadas con energía hercúlea que dejaron tambaleando a sus rivales y, con ellos, al status quo.
Desde el oficialismo, Sergio Massa tuvo un doble desafío: en primer lugar, como ministro de Economía, contener el alza descontrolada del dólar provocada en parte por el resultado en las urnas y en parte por la devaluación del 20% exigida por el FMI. En segundo término, contener los precios de los bienes y servicios que se alzaron a la par del dólar.
Fueron días frenéticos, donde el miedo y la incertidumbre recorrieron los comercios. Sin precios y sin expectativas claras, muchos optaron directamente por dejar de vender y el dólar blue llegó a tocar los 800 pesos.
El presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner optaron por desaparecer de la escena pública y dejar que Massa muestre que sabe recibir golpes y también darlos. Así fue que Sergio sacó su chapa de laburante y, a fuerza de acuerdos y movimientos forzados, logró contener el alza del dólar, que logró 2 jornadas consecutivas de fuerte retroceso hasta los 720 pesos.
Desde el ring side de Sergio vociferan a los gritos, que de ganar la pelea Milei, la sangre que se derramará no será la de Sergio y la de la “casta”, sino la del pueblo argentino.
Como sea, el candidato oficialista se mostró resistente y sigue de pie, a la espera de cualquier oportunidad que tenga para sacar un derechazo (¿o tal vez un “izquierdazo”?) salvador antes que suene la campana el 22 de octubre.
Patricia Bullrich le ganó la interna a Horacio Rodríguez Larreta, pero fue una victoria con sabor a poco, ya que se esperaba que la interna de Juntos por el Cambio suscite mayor caudal de votos en detrimento de Libertad Avanza, cosa que no sucedió. Con cierto aire de desconcierto, Patricia Bullrich optó por no conectar directamente con el electorado, sino a través de los candidatos derrotados en las internas, como Larreta y Lousteau, con quienes ensayará su estrategia favorita de los últimos años, que consiste en tibias fotos de unidad para los medios de comunicación.
Un capítulo aparte merecen las extrañas declaraciones del líder ideológico y espiritual del espacio de centro derecha Mauricio Macri, quien se mostró contento por los resultados, declarando que “la Argentina está entrando en un cambio de era que deja definitivamente atrás ideas dañinas que han ocasionado solamente problemas, pobreza y desunión" y continúa “sumando los resultados de Javier Milei y los nuestros, es enorme esta mayoría de argentinos que planteamos un cambio profundo como no existió en décadas”. Desde el núcleo duro de Patricia Bullrich se mostraron muy disconformes con estas declaraciones, ya que son una invitación a los simpatizantes de Juntos por el Cambio a votar indistintamente por Patricia Bullrich como por Javier Milei. ¿El ringside de Pato está tirando la toalla?
Javier Milei, rapidísimo de reflejos, declaró que dará a Mauricio Macri “un lugar especial como mi representante ante el mundo” cuando gane.
Como si fuera poco, el FMI, que parece ser el árbitro de la pelea, llamó a Milei para dialogar y conocer su postura, legitimándolo como un contendiente que hay que tomar en serio.
Sí hubo un claro ganador del primer round, que no recibió ni un solo golpe y bailoteó toda la semana arriba del ring mostrando que le sobra aire y que no va a cambiar su estrategia de golpear primero y fuerte. Durante las numerosas entrevistas televisivas que dio, Milei reforzó su postura ultraliberal y anti casta, sumando a sus ideas de dolarización y reducción del déficit fiscal -a fuerza de motosierra-, el cierre del CONICET, la salida del Mercosur, la eliminación del artículo 14 bis de la constitución, etc.
Sin embargo hay una duda que sobrevuela a los ojos de los espectadores. Muchas de las reformas que plantea Milei son demasiado radicales o bien, requieren mayorías parlamentarias y reformas constitucionales que jamás logrará. ¿Será que el candidato nunca ha estado cerca del poder y está cayendo en una suerte de teorema de Baglini, será el anticipo de un gobierno autoritario, o bien se tratará de un desconocimiento total de los mecanismos republicanos de la democracia?
Como sea, la victoria de Milei, hasta ahora, aunque holgada, fue solo por puntos. Los tres luchadores son hábiles, fuertes y ninguno puede ser subestimado. Todos permanecen aún de pie y hasta que no suene la campana, cualquiera puede ser el próximo presidente de Argentina.