La mayoría de esos medicamentos solo pueden entregarse bajo receta y con seguimiento médico.
Gran polémica se desató por la venta de medicamentos sin receta en una feria barrial. Las cajas de remedios se apilaban sobre los puestos, a la vista de todos y con precios mucho más bajos que en una farmacia.
Cualquiera podía comprar analgésicos, antibióticos, anticonceptivos y hasta drogas psicotrópicas sin presentar una receta ni tener garantías sobre su procedencia.
Los precios eran inferiores a los de las farmacias y atraían a muchísimos compradores. Detrás de los puestos, sin embargo, había una estructura que utilizaba casas particulares para guardar cajas y reponer la mercadería.
La investigación terminó con operativos en distintos puntos de La Matanza y Merlo. La Policía secuestró medicamentos valuados inicialmente en unos $18 millones pero además imputó a once feriantes.
La pesquisa comenzó por un elemento que parecía fuera de lugar en la feria de González Catán, y todo terminó procedimientos en once puestos y en cuatro viviendas ubicadas en González Catán, Virrey del Pino y Merlo.
Durante los allanamientos aparecieron cajas con analgésicos, antiinflamatorios, antibióticos, anticonceptivos, ansiolíticos, cremas dermatológicas y drogas psicotrópicas. Muchos de esos productos solo pueden entregarse bajo receta y con seguimiento médico.
Parte de las cajas tenía la leyenda “prohibida su comercialización”, utilizada muchas veces en muestras médicas gratuitas. La sospecha es que esos remedios pudieron ser desviados antes de llegar a sus destinatarios, aunque esa hipótesis todavía debe ser comprobada. También deberán revisarse los números de lote, las fechas de vencimiento y las condiciones en las que permanecieron almacenados.
La primera valuación ubicó el cargamento secuestrado alrededor de los $18 millones, pero el monto no es definitivo. Una auditoría deberá determinar la cantidad exacta de productos y su valor dentro del mercado farmacéutico.
Esos recipientes son de uso exclusivo de la firma y forman parte del circuito de distribución. La empresa hizo una denuncia después de reconocerlos en la feria Calderón de la Barca, ubicada en la zona de las avenidas Pedro Russo y Zeppelin.
Había un detalle que volvía todavía más extraño el hallazgo: la droguería no tenía registrada ninguna denuncia por el robo de las cubetas. Por ese motivo, su recorrido hasta los puestos continúa siendo uno de los puntos centrales de la causa.
Con esa información, agentes de la División Delitos contra la Salud Pública de la Policía Federal comenzaron a seguir los movimientos de los vendedores. Las tareas permitieron confirmar la existencia de medicamentos sin receta y detectar que parte del cargamento era trasladado desde viviendas cercanas.
Representantes de la Droguería Suiza Argentina detectaron que varios vendedores utilizaban cubetas plásticas rojas pertenecientes a la empresa para trasladar y exhibir los remedios.
Por el caso quedaron imputadas once personas: siete mujeres y cuatro hombres que trabajaban en los puestos inspeccionados. Hasta el momento no se informó que alguna de ellas perteneciera a una droguería, farmacia o empresa autorizada para transportar medicamentos.
La causa quedó en manos del juez Martín Ramos, a cargo del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N.º 1 de Morón. El objetivo será ahora reconstruir de dónde salió la mercadería y cómo llegó hasta la feria. Uno de los interrogantes es por las cubetas rojas. La pregunta es si fueron sustraídas sin que la empresa lo advirtiera, entregadas por alguien vinculado con la cadena de distribución o reutilizadas después de salir del circuito permitido.
La venta de antibióticos y psicotrópicos fuera de una farmacia representa un riesgo que va más allá de la falta de receta. No existe garantía sobre su autenticidad, conservación o vencimiento, y tampoco queda un registro que permita retirar un lote ante cualquier problema.