El Ciclón barrió a un tímido rival que llegó al partido con muchas dudas por parte de su entrenador, quien eligió utilizar una formación con cinco defensores en lugar del esquema que le dio réditos durante el 2015. Todo lo contrario para el DT de San Lorenzo, Pablo Guede, que en su segundo partido oficial al frente de los cuervos logró su primer título del año apostando a su filosofía de juego atrevida.
Incluso mostró carácter si se tiene en cuenta que dejó en el banco al ídolo de Boedo, Leandro Romagnoli, por Belluschi, que terminó siendo la figura de la final.
En la primera mitad, San Lorenzo se impuso en el primer cuarto de hora con la tenencia de pelota y una presión bien alta que no dejaba salir a Boca. Y fue en ese momento cuando tuvo la primera clara: Angeleri quedó solo frente a Orion, pero la tiró por arriba del travesaño.
Boca, que se mostraba dubitativo en el campo, impreciso en los pases y con poca movilidad para la creación, recién a los 29 tuvo su chance cuando el Cata Díaz tiró una pelota larga a la espalda de los centrales que tomó Tevez y definió mal ante la salida de Torrico. El Cuervo se tomó un descanso por el desgaste de los primeros minutos, hasta que a los 36 volvió a tener una situación clara, pero Cauteruccio la desperdició. Y a los 43, una salida rápida del Ciclón comandada por Cerutti derivó en un centro de Buffarini para Belluschi, que la paró en el aire y de media vuelta la clavó en el ángulo derecho de Orion para poner la ventaja inicial justo antes del descanso.
Fiesta azulgrana
Para la segunda mitad, el Vasco metió mano y mandó a la cancha a Osvaldo y a Gago, pero no le dio resultados. A pesar de algunos intentos de Osvaldo, el Xeneize no generó situaciones claras y a los 24 sintió el segundo balde de agua fría, cuando Barrientos recibió un pase en cortada de Belluschi y la mandó al fondo de la red. A partir de ese momento fue todo para el Ciclón, que lo terminó de liquidar con un golazo de tiro libre del Pitu, y en el final una linda definición de Blandi puso el impensado 4 a 0 del ¡superpapá!.