Claudio, un papá de la zona este, pasó anoche por el jardín de infantes ubicado en Basavilbaso y Buenos Aires, se encontró con una fila de personas esperando y se desesperó. "Tenía pensado venir hoy a la mañana porque a mi nene le toca acá, pero como ya había gente esperando y los cupos son pocos decidí quedarme acá toda la noche despierto, en una reposera y tomando mates", explicó.
Esta situación, con padres desconcertados que decidieron dormir en la calle, se repitió en distintas instituciones como el Jardín 23 ubicado en el Parque Central o el 31, de Melipal.
En los jardines públicos, se hizo una inscripción para salas de 5 años en noviembre, cuando muchos padres desconocían esta situación, y recién a partir de hoy empezaron a anotar para 4 y 3 años, según la disponibilidad. Por eso, cuando los privados abrieron sus puertas el 4 de enero pasado, empezaron a llover papás desorientados que no saben dónde llevar a sus hijos.
La ley nacional de educación inicial se sancionó en diciembre de 2014 y establece que la sala de 4 años es obligatoria. Sin embargo, otorga un margen de cinco años, hasta principios de 2020, para construir las aulas necesarias en las escuelas públicas.
La norma incorporó una serie de requisitos para la educación a los 4 años, con horarios y condiciones áulicas específicas, muy distintas a las que suelen ofrecer los jardines maternales.
El año pasado, desde el
Consejo Provincial de Educación (CPE) se informó a los jardines privados con salas de 4 que debían presentar un proyecto para adecuarse a esas exigencias. Muy pocos lograron la aprobación.