Levantó la primera estancia del lado argentino de la isla en 1886. Hoy el lugar es monumento histórico nacional y una reserva que conserva la fauna austral.
En 1886, el reverendo anglicano Thomas Bridges se instaló con su familia sobre la costa del canal Beagle y levantó la casa más antigua de la Isla Grande de Tierra del Fuego en el lado argentino.
Ese hogar fue el núcleo de la Estancia Harberton, la primera estancia de la isla, que hoy es Monumento Histórico Nacional y, también, una reserva natural que protege a las especies.
Las tierras fueron donadas por el Congreso Nacional mediante la Ley N.º 1838: el reverendo recibió ocho leguas, en reconocimiento a su labor misional y a su rol como pionero en el llamado Fin del Mundo.
Bridges era inglés. Nació en Bristol, Inglaterra, hacia 1842-1843, y fue un niño abandonado que adoptaron el reverendo anglicano George Pakenham Despard y su esposa.
Una versión que conservan sus descendientes indica que lo habrían encontrado de niño sobre un puente de Bristol durante una epidemia de cólera.
Llevaba una letra “T” bordada en la ropa. Y por esa señal decidieron llamarlo Thomas. El apellido respondería el del lugar del hallazgo.
En 1856, cuando tenía 13 años, la familia adoptiva lo llevó a vivir a la isla Keppel, como llamaron a la isla Vigía los británicos que habían ocupado el archipiélago argentino.
Ese pequeño territorio de unos 40 kilómetros cuadrados, justo al norte de la isla Gran Malvina, tomó notoriedad en ese tiempo porque la Sociedad Misionera Sudamericana, de religiosos anglicanos, estableció allí la "Estación Cranmer".
Utilizaron el lugar como base para trasladar a indígenas yaganes desde Tierra del Fuego con el fin de evangelizarlos y enseñarles tareas agrícolas, antes de fundar misiones en la Patagonia continental.
En las islas empezó a relacionarse con el pueblo yagán (o yamana)m} y aprendió su idioma.
Con los años, armó un diccionario de unas 30.000 palabras, una obra clave para documentar la cultura y la lengua de ese pueblo originariio.
De hecho, el decreto que hoy protege su casa lo reconoce como autor del primer diccionario yamana.
En 1871 se estableció con su esposa, Mary Ann Varder, y su primera hija en la zona donde después crecería Ushuaia.
El decreto lo señala como el primer europeo en radicarse de forma permanente en la isla y como creador de la primera escuela e iglesia de la ciudad.
La familia también participó en la construcción de los edificios de la misión anglicana. Además, asistió a pobladores y navegantes en una región donde cualquier accidente podía volverse una tragedia.
Más tarde, en 1886, el sitio elegido por el reverendo y su familia para su emprendimiento rural fue la zona que los yamanas ya conocían y usaban. La llamaban Tuwujlumbiuaia: “puerto de la garza negra”.
El nombre elegido para bautizar la estancia, Harberton, hacía referencia al pueblo natal de la esposa de Bridges, en el Reino Unido.
Con la familia, el lugar pasó a ser un centro productivo y comunitario.
Llegó a tener estafeta de correo y puesto de policía, y funcionó durante generaciones como residencia privada de los Bridges.
La casa principal de la estancia se trajo prefabricada desde el Reino Unido.
El resto de los edificios se levantó en el lugar, sobre todo con madera de lenga, e incluyó galpones, talleres, huertas y espacios para los animales.
La vida cotidiana estaba marcada por los inviernos largos y el aislamiento.
Los alimentos, las herramientas y las noticias podían tardar semanas en llegar, y las embarcaciones eran indispensables para moverse por el canal.
Uno de los hijos, Esteban Lucas Bridges, contó años después su infancia, la historia familiar y el vínculo con los pueblos yagán y selk’nam en el libro El último confín de la Tierra.
En 1999, el Decreto 64/99 declaró Monumento Histórico Nacional a la estancia.
Thomas Bridges murio en 1898, pero sus descendientes continuaron el proyecto familiar.
El decreto fundamenta la protección en cuatro puntos.
El primero es el carácter pionero de Bridges. El segundo, que Harberton fue la primera estancia argentina de la Isla Grande y simboliza el inicio de la ocupación productiva y el poblamiento rural del sector argentino de Tierra del Fuego.
El tercero es su valor arquitectónico y de conjunto. Combina una casa importada con edificaciones locales y mantiene su carácter de residencia familiar y productiva.
El cuarto es su continuidad patrimonial, porque sigue funcionando como estancia y reserva, un testimonio vivo de los procesos históricos, económicos y culturales de la región.
Con el tiempo, la ganadería perdió protagonismo frente al turismo, la conservación patrimonial y la investigación científica.
Hoy el conjunto de construcciones es el centro de una unidad productiva rural y una reserva natural, administrado por descendientes de la familia Bridges.
Allí funciona el Museo Acatushún de Aves y Mamíferos Marinos Australes, dedicado a estudiar y conservar la fauna regional.
Los visitantes pueden recorrer las viviendas históricas, los jardines y el cementerio familiar.
A poca distancia está la isla Martillo, conocida por sus colonias de pingüinos magallánicos y papúa.