Un mexicano de 46 años fue condenado a muerte por la Justicia de Texas por haber asesinado a cinco miembros de su familia, acusación de la que este hombre se defendió argumentando que estaba poseído por el Diablo. En realidad, Abel Revill Ochoa era drogadicto y había consumido todo el crack que tenía en el momento de la masacre. Y como no pudo conseguir más, mató a su esposa, a sus hijas (de 7 años y de 9 meses), a su cuñada y a su suegro. Según los investigadores, se enfureció porque su pareja le ocultaba el dinero para evitar que comprara y consumiera drogas, pero la defensa planteó que Ochoa estaba en medio de un delirio, consecuencia del crack, y que eso lo llevó a sentirse poseído y producir los crímenes. El asesino sostiene que no recuerda qué fue lo que ocurrió.
Nacido en la localidad mexicana de Vicente Guerrero, el condenado a muerte será ejecutado con una inyección letal el 11 de febrero, según informó el Departamento de Justicia Criminal, en la prisión de Huntsville, donde actualmente está detenido.
El caso ocurrió en 2002 y al año siguiente, y en menos de 10 minutos, la Justicia decidió condenarlo a muerte. Pero la ejecución fue postergada en varias ocasiones a pedido de organizaciones de derechos humanos. De hecho, de 2004 para acá, la Corte Internacional de Justicia ordenó reconsiderar los casos de 51 ciudadanos mexicanos que viven en Houston y están condenados a muerte, en una sentencia conocida como Fallo Avena.