Neuquén > Según las confesiones de María Laura Díaz Domínguez, su nombre es demasiado largo, y tal vez por eso todos la conocen como Dedé. Anoche, esta escritora, acompañada por dos grandes de la literatura para niños, como Franco Vaccarini y María Cristina Ramos, presentó en la ciudad su último libro “La escalera del miedo”, de la colección Galerna Infantil, y aprovecharon la ocasión para hablar sobre el arte de jugar por medio de las palabras.
Desde un bar del centro, Dedé contó de qué se trata su nuevo libro: “Es de un terror no clásico, con un dejo inquietante y fantástico”. Al saltar de cuento en cuento, el terror va en un in crescendo, de más suave a más terrible. “A medida que vas bajando los escalones, vas sintiendo más miedo. Cada cuento tiene más terror”, dijo la escritora, que actualmente ya tiene publicados más de 60 libros.
De profesión escritora
En más de una oportunidad, Dedé contó que a los ocho años ya sabía que iba a ser de grande. Sus deseos eran escribir, dibujar y los niños; y se dedicó a cumplirlas: “Quería ser escritora, pero después lo dejé de lado”.
De adolescente estudió diseño gráfico, y durante más de diez años trabajó en esa profesión. En 2001, la crisis del país se mezcló con sus años de vacío de diseñadora y el sueño inconcluso de escribir. Se fue a vivir a España y allí realizó un curso de literatura infantil: “Tenía a mis hijas chicas y me motivaba más escribir para niños. Cuando volví al país, con el cuento que había escrito en el taller, “La estrella y su deseo”, empecé a recorrer editoriales, me lo publicaron y hasta el día de hoy se sigue vendiendo”, contó.
Su niña interior, su guía
Si bien siempre el escritor cuenta con una fuente inagotable de imaginación, en el caso de la literatura infantil el desafío parece mayor.
Para imaginar como un niño, Dedé decidió no perder la capacidad sagrada de jugar: “Me sale espontáneamente, mi niño interior está muy a flor de piel. Creo que el arte es una forma de jugar que tenemos los adultos. Yo lo hago a través de la literatura y el dibujo", contó Dedé, que además ilustra muchas de sus obras.
"La escalera del miedo" no tiene ilustraciones, por un lado, por la edad de los lectores a quienes está dirigido (de 9 a 12 años) y, por otro, porque “está bueno que ellos imaginen lo que quieren, sin que los condicionen. Una maraña de letras puede decir mucho más que cien imágenes”, dijo la escritora.
El boom de los libros para chicos
La literatura infantil marca desde hace un tiempo un fenómeno editorial en ventas. Según Franco Vaccarini, esto no empezó hace dos días. Arrancó cuando se reinstauró la democracia, o tal vez un poco antes.
En los ’80, las grandes editoriales empezaron a armar colecciones para chicos, y en los ’90 se dio un fenómeno: la escuela y la literatura hicieron una especie de alianza y los libros empezaron a entrar en las instituciones educativas.
“Libros de autores contemporáneos con un lenguaje cercano al de los chicos posibilitaron una gran popularidad. El gran hallazgo de estos últimos 35 años es que aparecieron grandes autores argentinos que a los chicos les empezaron a interesar. Se creó un mercado y es una industria en crecimiento. Nunca hubo una época mejor que esta en cantidad de libros y calidad de autores”, sostuvo Vaccarini, quien además es el director de la colección Galerna Infantil.
En relación con el motivo por el cual eligió estos autores, Franco contó: “Como director, elijo los títulos que a mí me gustan. A los chicos les gusta mucho el terror y el policial, y eso es fundamental, no pueden faltar esos atributos”.
Lector exigente
Lograr ser un gran escritor tiene sus misterios, y Dedé contó que su secreto estuvo relacionado con cumplir sus promesas de niña: “Me prometí no olvidarme de la niña que había sido. Sentía que había un menosprecio por los chicos y me prometí no hacerlo de grande: no sentir que son proyectos de personas, que sus problemas son menos importantes”.
Eso, sin dudas, aparece reflejado en sus cuentos. En ellos no se subestima al lector, y si peca de algo es de hacer pensar a los niños: “Lo más importante de la literatura para chicos es lograr ese equilibrio entre lo dicho y lo no dicho. Esa grieta que queda en el medio, que el lector tiene que reconstruir, entre las palabras que están y las que no están, es lo importante. Porque el lector es un creador”.
La infancia es la casa que acoge a los seres humanos, y todo lo que se genera allí repercute toda la vida. Tanto para Franco como para Dedé, la lectura no escapa a eso, por lo que cualquier libro que pase por las manos de un niño dejará una huella imborrable.