Mucha gente no tiene dificultad a la hora de perdonar a otros cuando son lastimados o se sienten ofendidos. Pero algunos no tienen la misma disposición cuando se trata de perdonarse a sí mismos. El perdón hacia uno mismo es tanto o más importante que el perdón hacia los demás e implica no permitir que mi pasado doloroso determine mi presente y mi futuro. Si mi intención es disfrutar de la vida que tengo por delante y cumplir todos mis sueños, necesito tener paz interior. Y eso sólo me lo puede brindar el estar en buenos términos conmigo mismo así como con los demás.
Si te cuesta perdonarte a vos mismo, te invito a reflexionar sobre las siguientes ideas al respecto:
Perdonar es recordar que soy un ser humano con puntos fuertes y débiles. ¡Nadie es perfecto! Todos cometemos errores pero eso no nos convierte en “errores”. Tu vida tiene propósito y es única e irrepetible como para perder tiempo enojado con vos mismo.
Perdonar es un acto de grandeza. Para perdonar, sea a quien sea, se requiere de humildad. A veces no perdonamos por orgullo. “¿Cómo me va a hacer eso a mí?” o “cómo yo me voy a equivocar tan feo?”, nos preguntamos y nos mantenemos atados a la falta de perdón. Mostrar perdón es mostrar grandeza.
Perdonar es saber que solamente yo tengo el control de mi vida. Cuando no perdono o no me perdono, estoy convirtiéndome en esclavo de una situación negativa o de una persona que me hizo daño. No dejes que nada ni nadie te domine y tomá el control de tu vida.
Perdonar es establecer límites. Digamos sí o no a quien sea y toda vez que sea necesario. Si no lo hacemos y, por ejemplo, decimos que sí cuando queremos decir que no, luego nos sentiremos culpables.
Perdonar es sinónimo de dormir tranquilo. Cuando uno puede descansar bien, porque está en paz, al levantarse tiene la fuerza necesaria para poner su vida en marcha y que todo le salga bien. No hay tesoro más grande que una conciencia tranquila.
A muchas personas les resulta difícil, por no decir imposible, perdonarse a sí mismas porque en la niñez fueron sobreexigidas por sus padres. Entonces con los años desarrollaron una personalidad perfeccionista. Si traían un ocho en el boletín, les preguntaban: “¿y por qué no te sacaste un diez?”. De grandes se convierten en sus propios padres internos y se siguen exigiendo, al punto de no perdonarse cuando algo no les sale bien (o creen que deberían haberlo hecho mejor).
Si te identificás con estas palabras y te descubrís incapaz de perdonarte, pensá en el resentimiento como un avión que está en el aire y no aterriza. ¿Qué sucede si una aeronave se mantiene arriba? En algún momento se le acaba el combustible. Podríamos comparar el perdón con el aterrizaje. Cada vez que te equivoques, perdonate. Aprendé todo lo que puedas del error, que es parte de la vida, pero seguí adelante y olvidá rápidamente lo sucedido. Perdonar no cambia el pasado pero sí el futuro. Dejá de mirar el “canal Rencor”, donde pasan siempre la misma película. Cambiá de canal… ¡y sé libre!
Si tenés alguna inquietud,podés escribirme a bernardoresponde@gmail.com