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El presidente de Chile, Sebastián Piñera, aseguró que no descarta una reforma a la Constitución, pero subrayó que no renunciará a su cargo pese a las presiones y protestas que sacuden al país desde hace casi tres semanas, que desataron la crisis política y social más profunda desde el regreso de la democracia, con un saldo de 23 muertos y miles de heridos y detenidos. “Voy a llegar al fin de mi gobierno. Fui elegido democráticamente por una enorme mayoría y tengo un deber y compromiso con quienes me eligieron y con todos los chilenos”, dijo y agregó que si alguien quiere hacer una acusación constitucional -como impulsan legisladores opositores y manifestantes- “está en su derecho”, pero esas acusaciones -aseguró- no van a prosperar “porque la solución en democracia es respetar las reglas de la democracia”.
Piñera, que defiende su decisión de decretar el estado de emergencia y haber sacado a los militares a la calle, se refirió también a las denuncias de uso excesivo de la fuerza durante la represión. “Si eso sucedió, puedo garantizar que será investigado y procesado por nuestro sistema tradicional. No habrá impunidad. Ni con las personas que prendieron fuego los supermercados y la mayoría de las estaciones de metro, ni con aquellas que cometieron un exceso de uso de la fuerza”, prometió.
Además, admitió que su país “todavía es demasiado desigual y la gente tiene la percepción, y con razón, de que hay demasiados abusos”. Y enfatizó que no puede permitirse que “en un estado democrático las personas piensen que pueden hacer lo que quieran, porque al final del día eso destruirá nuestra democracia y dañaremos a la mayoría de nuestros ciudadanos”.
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