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El 34% de los presos en Neuquén son abusadores sexuales

Se trata de 225 internos sobre un total de 660 que hay en la provincia. El tratamiento de ley no se cumple. Un bloque duro quedará en libertad entre 2025 y 2030. ¿Qué se puede esperar?

Un tercio de la población penal de la provincia cumple condena por delitos contra la integridad sexual (abusos y violaciones). Permanecen tras las rejas sin recibir tratamiento, por lo que cuando sean liberados, las probabilidades de reincidir están latentes. En paralelo, por día se radican tres denuncias de abuso en la Primera Circunscripción del Poder Judicial. La problemática necesita un debate urgente y respuestas de fondo.

Para que quede claro de entrada: esta problemática es sumamente compleja y tiene tantas aristas que ninguno de los poderes del Estado ha demostrado estar en condiciones de abordarla, motivo por el cual se siguen repitiendo los casos.

Los intentos de abordaje no dejan de ser un recorte de una problemática que genera repulsión en la sociedad. La realidad, desgraciadamente, son las cifras que pecan por su frialdad. El resto es el devenir y azar de lo siniestro.

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Informe clave

De acuerdo con un informe estadísticos que elaboró la Justicia neuquina el 18 de abril de este año, con datos que obtuvo hasta el 17 de abril, se puede observar cómo está compuesta la población penal provincial.

Además del hacinamiento en cárceles y alcaidías, los números indican que el 40% de los presos están por delitos contras las personas (homicidios y lesiones principalmente).

En el segundo lugar del ranking están los agresores sexuales, que son poco más del 34% de las personas privadas de la libertad (225 presos).

A los fines netamente estadísticos, las personas detenidas por abuso sexual y violación son un tercio de la población penal de la provincia, pero ya verán que es un dato ciego o, como se le dice en la jerga criminológica, una cifra negra.

Cotidianas

Las causas de abuso sexual desde hace un par de años son tratadas con extremo cuidado por casi todos los actores que intervienen en el proceso.

De hecho, es sabido que el Ministerio Público Fiscal (MPF) debió correr de una fiscalía a una funcionaria que fue denunciada por una decena de víctimas por el destrato que les propinaba, haciéndolas sentir casi responsables del delito padecido.

Por su parte, a los defensores se les exigió no desvirtuar la vida personal de las víctimas en su afán de evitar una condena para su cliente.

Casos para narrar y rescatar sobran: hay chacales que abusaron de sus hijas durante años y hasta tuvieron hijos con ellas, padrastros y tíos que abusaron de los niños de la familia, también hay profesionales de la salud que abusaron de sus pacientes y profesores de sus alumnas. En todos los casos se observa la relación de poder entre victimario y víctima.

El abuso más habitual que persigue el Ministerio Público Fiscal es el intrafamiliar, que son casi el 90% de los casos en promedio.

Este tipo de abuso se da en el seno de las familias y las víctimas son niños, niñas y adolescentes. Se trata de situaciones muy complejas porque la víctima no solo está en estado de indefensión, sino que ingresa a la vida sexual en forma abrupta y violenta.

A la víctima, por lo general, le lleva su tiempo poder poner en palabras lo que sufrió o está sufriendo. Por lo general, el develamiento se produce en el ámbito escolar porque temen que dentro de la familia no les crean o por las amenazas del depredador con dañar a algún ser querido.

Todo es perversión en un abuso. De hecho, hay chicas que recién cuando ingresan a la pubertad o adolescencia advierten la magnitud de los actos de los que han sido víctimas y denuncian.

En la actualidad, la Fiscalía de Delitos Sexuales está recibiendo, solo en la zona de la Confluencia, tres denuncias diarias. Y por semana, el área de Prensa del MPF informa como mínimo entre dos y tres condenas.

El volumen de casos es sumamente importante, motivo por el cual José Gerez, titular del Ministerio Público Fiscal, está analizando crear una unidad más para atender la demanda.

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Cifra negra

En criminología, es sabido que no todos los delitos se denuncian, y aunque no formen parte de la estadística, igual existen. Muchas veces ocurre, en los delitos contra la propiedad, que la víctima no tiene ganas de soportar largas esperas en la comisaría y desiste de denunciar.

En el caso de los delitos contra la integridad sexual, todo se vuelve mucho más complejo a partir de que se produce el develamiento.

Como ya veremos, la investigación es sumamente compleja y lleva a que en algunos casos se busque recurrir a una salida alternativa que propone el Código Procesal Penal, donde al agresor, siempre dependiendo de los elementos de prueba y los hechos, se le dicte una condena en suspenso.

“En esos casos en que se acuerda, los acusados no van a la cárcel y pasan a integrar la cifra negra del abuso sexual”, refirió una fuente judicial, preocupada por el crecimiento de la problemática.

A ese dato se suman la cantidad de casos que son denunciados pero no se llega a acusar porque los investigadores no logran conseguir un cúmulo de pruebas que permita avanzar con la imputación.

Por todo esto, la cifra negra del abuso sexual es trepidante, pero ignorada.

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Derrotero

Investigar un delito contra la integridad sexual es extremadamente complejo porque hay que encontrar un equilibrio entre la obtención de pruebas y la revictimización de la persona.

Si son casos de violación reciente, las pericias médicas ayudan a la obtención de fluidos biológicos que permitan hacer un estudio de ADN y la verificación de lesiones que son claves y de suma utilidad para los investigadores.

En el cuerpo de la víctima suele estar toda la evidencia, y esa exploración es tan invasiva como necesaria. Además, la o el superviviente deben reconstruir los hechos con palabras, lo que puede requerir de una o varias entrevistas dependiendo del grado de shock en el que se encuentre y cómo ese ejercicio impacte o afecte a su psiquis.

En casos que no son recientes, de vieja data, la reconstrucción es mucho más compleja desde lo médico forense. Por eso es clave el rol que tienen los profesionales del Área Infanto-Juvenil del Gabinete de Psiquiatría y Psicología Forense de la Unidad de Servicios Periciales.

En manos de ellos está el poder descifrar en el relato los elementos que dan sustento al caso, porque también existen falsas denuncias agitadas por adultos que manipulan a sus hijos.

Las entrevistas testimoniales (antes llamadas Cámara Gesell) han tenido un incremento exponencial en los últimos años, por lo que han obligado a los profesionales de dicha área a recurrir a nuevas técnicas de abordaje para acompañar al superviviente en el recorrido por el infierno.

Este año, sumaron el acompañamiento de un perro terapéutico que brinda contención a las pequeñas víctimas, en el antes y el después de tener que revivir con palabras todo lo sufrido.

En todo este peregrinaje investigativo, la víctima suele terminar en un segundo plano una vez que la causa ha concluido. El Estado expropia el delito y el superviviente junto con su trauma terminan lanzados a su propia suerte.

El trauma no se supera, eso lo afirman tanto los supervivientes como todos los profesionales de la psicología y psiquiatría.

La experiencia demuestra que con ese trauma no solo tiene que aprender a convivir la víctima, sino también sus seres queridos. Aquellas familias u hogares que no son sólidos terminan dinamitados porque nadie está preparado para atravesar el infierno sin chamuscarse.

VIOLACION, ABUSO, AGRESION

Sin tratamiento

Como sociedad, hay que tener presente una certeza: que los 225 condenados, más los que se suman semana a semana, en algún momento van a salir de la cárcel y volverán a transitar en libertad.

En la actualidad, hay un bloque duro de esos presos que recuperará la libertad entre 2025 y 2030, ya que la condena promedio va de 8 a 10 años. Hay solo cuatro casos que tienen prisión perpetua, según los informes oficiales.

En cuanto a los condenados, la ley 24660 establece que reciban tratamiento. Los psicólogos y psiquiatras lo consideran esencial en el caso de estos presos, pero el sistema tiene sus propios artilugios.

Al comienzo de la investigación de un abuso, lo ideal sería que el acusado pase por una pericia forense, pero son los defensores los primeros en negarse porque entienden que dicha entrevista sería prácticamente una autoincriminación.

Ese es el primer escollo que impide determinar qué tipo de agresor sexual se enfrenta.

Tras la condena y en su paso por el sistema penitenciario, el abusador tendría que hacer un tratamiento tal y como lo exige la ley.

Pero el primero en incumplir la ley es el Ejecutivo, que no tiene los equipos criminológicos necesarios, tal como lo denunció recientemente la Defensa Pública, por lo que no garantiza el tratamiento.

Después está la maña. Muchos ofensores sexuales se niegan a realizar el tratamiento y de nada sirve exponerlos a un especialista cuando se niegan a ser tratados.

El derrotero deja claro que van a pasar los días, meses y años hasta que finalmente el preso recupere la libertad. Y como me dijo la familia de una superviviente: “Solo habrá que esperar que aparezca la próxima víctima”. Estremecedor.

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Laura Quiñones Urquiza, perfiladora criminal

¿Son rescatables?

Si los agresores sexuales son rescatables o no para vivir en sociedad es un debate que lleva un siglo y aún no se ha resuelto.

La mayoría de los profesionales vinculados a la perfilación criminal entienden que no, lo que no significa que cuando pisen la calle van a reincidir. Hay muchas variables para analizar.

En cuanto al típico agresor sexual, el intrafamiliar, la mayoría de los especialistas están convencidos de que en un contexto que emule las mismas condiciones de su agresión, lo más seguro es que vuelva a atacar.

Respecto de los seriales –en Neuquén hay muy pocos–, el goce está principalmente en el poder que ejercen y la sumisión de la víctima, a lo que se suman distintas parafilias.

Estos casos habría que abordarlos con mayor atención, porque por más entrados en edad que salgan de la cárcel, la virilidad no representa un escollo para el depredador, porque tranquilamente suplanta su órgano con un objeto.

La perfiladora criminal Laura Quiñones Urquiza, en diálogo con LMN, explicó que “la predilección por el sexo no consensuado es una parafilia en sí misma, es decir, una perversión sexual”.

En cuanto a la rehabilitación, confió: “Es muy poca la cantidad de agresores sexuales recuperables. Hay experiencias realizadas en países anglosajones donde les hacen la prueba del pletismógrafo (que mide los cambios en volumen de diferentes partes del cuerpo). La misma consiste en mostrarle a la persona distintas escenas de violación, si se produce una intumescencia del pene (se erecta) quiere decir que eso los excita, por lo que se descarta su recuperación”.

En definitiva, sobre la recuperación, rehabilitación y reinserción de los agresores sexuales, las respuestas son bastante sombrías. Mientras tanto, los abusos y las violaciones continúan siendo cotidianos para los neuquinos.

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