Para la Fiscalía el caso del homicidio de Mario Andrés Forquera reveló una trama de enseñamiento y alevosía. Las claves del caso que avanzó con la imputación de Cuevas, Salazar y Di Lena.
El cuerpo de Mario Andrés Forquera fue hallado tras un mes de su desaparición en un chiquero. Lo que permitió llegar hasta Senillosa y luego acusar por homicidio a tres hombres del entorno de la víctima, fue una investigación preliminar que incluyó la toma de declaraciones contradictorias, los datos de un testigo clave e indicios como sangre y ropa.
Además, desde el principio, tras la denuncia en la Comisaría Segunda, el aporte de información a la causa por parte de sus familiares también fueron fundamentales. Incluyeron videos, conversaciones telefónicas y sospechas que permitieron avanzar en el primer esclarecimiento de lo sucedido en la chanchería.
Para la fiscal del caso Guadalupe Inaudi los detalles de la mecánica configuraron un crimen agravado por la alevosía y el ensañamiento. Ante lo socilitado, el juez Luciano Hermosilla determinó que la investigación se prolongue por cuatro meses, plazo que Ricardo Javier Cuevas, Diego Andrés Salazar y Daniel Ernesto Di Lena, alias “Samuel”, deberán cumplir en prisión preventiva imputados por el homicidio de Forquera.
A 340 metros del corral de chanchos donde habían encontrado ropas, el graznido áspero de una bandada de cuervos y su obstinado vuelo en picada hacia la tierra llamaron la atención de los investigadores. Al acercarse encontraron que los pájaros picoteaban lo que había quedado de Mario Forquera tras un mes a la intemperie.
La pesquisa de los investigadores reconstruyó que después de participar de los festejos en el monumento a San Martín por el triunfo de Argentina sobre Cabo Verde en el mundial de futbol, Forquera se dirigió al predio de la familia Cuevas, en el sector de parque industrial de la localidad de Senillosa.
Allí, en una casilla ubicada en calle Formosa al fondo, Cuevas, Salazar, Di Lena, Forquera y otro hombre se reunieron y consumieron bebidas alcohólicas y estupefacientes.
Quien aporta los detalles de cómo sucedieron los hechos fue este hombre que declaró ante los investigadores y contó que allí los tres varones agredieron a Forquera. Según indicó, el temor a represalias, hizo que en un principio no aportara datos del crimen.
En base a todos los datos e informes realizados por Seguridad Personal y Homicidios, la teoría del Ministerio Público Fiscal señaló que la jornada nocturna escaló en violencia a raíz de una discusión vinculada, entre otras cuestiones, a la atribución a Forquera de un robo de un taladro percutor que pertenecía a Cuevas, hecho que había ocurrido meses antes.
En ese contexto, se reconstruyó que Cuevas y Salazar redujeron mediante golpes a Forquera. “Lo desnudaron, lo despojaron de sus prendas de vestir como así también de su teléfono celular, continuaron golpeándolo y lo encañonaron colocándole una escopeta en la boca, provocándole además múltiples heridas con armas blancas en los miembros inferiores y en la zona baja del abdomen”.
Seguidamente, Cuevas, Salazar y Di Lena lo arrastraron hacia el sector de los corrales de cerdos que existe en este predio y actuando conjuntamente, lo arrojaron dentro del primer chiquero atado de sus pies.
Inaudi remarcó que el fin que buscaban los tres hombres era que Forquera muriera en ese lugar sin correr ellos riesgo alguno, impidiendo que el cuarto hombre lo auxiliara.
Posteriormente, los imputados se fueron a dormir pensando que Forquera sería comido por los chanchos lo que ocultaría el crimen. Pero la víctima, a pesar de encontrarse gravemente herida y atada, logró huir de este sector de los corrales y desplazarse por el interior del predio.
Allí, sin encontrar ayuda, habría muerto. Su cuerpo fue hallado sin vida tras una intensa investigación el 3 de agosto por los investigadores. La fiscal Inaudi arribaría al lugar al ser informada por efectivos policiales del hallazgo del hombre desaparecido hacía un mes.
Forquera estaba desnudo y en avanzado estado de descomposición entre retamas y alpatacos. Su cuerpo era comido por la fauna del lugar, como los cuervos, por lo que no pudo ser reconocido por sus características faciales. Sin embargo, los tejidos y las huellas que todavía le quedaban alcanzaron para identificaron a través de los análisis.
Ante el juez Hermosilla Inaudi y la asistente letrada Agustina Jarry indicaron que según entendieron el hecho descripto se califica en aquella instancia como constitutivo del delito de homicidio. También señalaron que consideraron que el crimen estuvo agravado por haber sido cometido con alevosía y ensañamiento atribuido a los tres imputados en calidad de coautores.
"Entendemos que la alevosía se encuentra acreditada en tanto procuraron y aseguraron deliberadamente el estado de indefensión de la víctima redujiéndolo, desnudándolo, provocándole múltiples lesiones no sólo con golpes de puños sino también mediante armas blancas para posteriormente atarlo, arrastrarlo y arrojarlo hacia el sector de los chiqueros donde estaban estos animales de gran tamaño", indicó.
Además, consideró acreditada por neutralizar "la única posible ayuda que tenía", la del testigo clave. Por su parte, entendieron que el ensañamiento se encuentra configurado "toda vez que durante esta ejecución aumentaron de manera deliberada e innecesaria el padecimiento de forquera sometiéndolo, como dije, mientras permanecía con vida distintos golpes al encañonamiento con una escopeta en la boca, estas heridas con armas blancas, desnudarlo a pesar del gran frío que hacía durante esa noche".
Para la Fiscalía, la hipótesis del homicidio no surgió de un único elemento sino de una investigación que comenzó con la denuncia por desaparición y fue incorporando, de manera cronológica, distintos indicios que terminaron ubicando a Forquera en el predio de Cuevas y a los ahora imputados en el centro de la investigación.
La denuncia fue realizada por Ylin Torres, expareja de Forquera, quien informó que no tenía contacto con él desde el 4 de julio. Según explicó, vivía con su sobrino y este le había contado que Mario había salido durante la madrugada de ese día y no había regresado.
La familia aportó una descripción de la ropa que llevaba: una campera roja de trabajo, pantalón de jean, borcegos marrones y una mochila. También entregaron el número de teléfono de Forquera, que permanecía apagado.
Un dato terminó siendo especialmente relevante para la investigación: el último mensaje que Forquera había enviado indicaba que estaba en Senillosa y que no llegaría a buscar a sus hijos porque se encontraba allí y estaba muy ebrio.
Su sobrino también contó que la noche anterior habían estado juntos viendo el partido de Argentina contra Cabo Verde y que después habían ido a los festejos en el Monumento.
A partir de las entrevistas con familiares y allegados, los investigadores supieron que Forquera tenía en Senillosa un conocido al que identificaban como “el compadre”. Con ayuda de Ailín y otros amigos pudieron determinar que se trataba de Javier Cuevas.
El 13 de julio, personal de la División Búsqueda de Personas entrevistó a Cuevas y concurrió al predio donde vivía. Según la Fiscalía, Cuevas aseguró entonces que conocía a Forquera porque habían trabajado juntos en Añelo, pero sostuvo que hacía más de dos años que no lo veía.
También habría relatado que la última vez que Forquera había estado allí, permaneció durante cuatro o cinco días y que en esa oportunidad le había robado un taladro percutor y un lechón.
Para los investigadores, esa declaración adquirió relevancia posteriormente porque la acusación sostiene en base a un testigo clave que el supuesto robo del taladro fue precisamente el motivo que desencadenó la agresión contra Forquera.
La Fiscalía también señaló como un elemento sospechoso que, durante aquella primera entrevista, Cuevas habría proporcionado un número telefónico que no correspondía al que efectivamente utilizaba, algo que luego fue comprobado mediante los reportes de la compañía.
Ese mismo día, Ailín Torres se trasladó hasta el predio junto a un amigo de Forquera. Allí, según relató posteriormente, Cuevas volvió a decir que no veía a Mario desde hacía aproximadamente diez días.
Pero había una evidencia que contradecía esa versión. Torres entregó a los investigadores audios y videos que Forquera había enviado el mismo 4 de julio a un grupo de amigos de Las Heras, Santa Cruz. En uno de esos mensajes, Forquera decía que estaba en la casa de su “compadre”, que estaba alcoholizado y que se encontraban compartiendo. Los videos, además, permitían observar el predio.
La investigación también permitió reconstruir parte del recorrido que realizó Forquera durante la mañana del 4 de julio. El análisis de cámaras de seguridad ubicó a un hombre con una campera roja descendiendo de un colectivo en Plottier, en inmediaciones de la ex Ruta 22 y avenida Zabaleta. Minutos después, las cámaras registraron cómo esa persona subía como acompañante a una traffic blanca que se dirigió hacia Senillosa.
El chofer de la traffic declaró que había levantado a Forquera cuando hacía dedo y que el hombre le pidió bajar en avenida Formosa y Ruta 22 porque se encontraría con un amigo en un predio.
Veinte minutos más tarde, otro domo policial, ubicado en avenida Formosa y Ruta 22, captó el momento en que el vehículo se detuvo y Forquera descendió. Llevaba la campera roja y una mochila en la espalda.
Las cámaras ubicadas sobre calle Formosa lo registraron en distintos puntos hasta obtener la que, según la Fiscalía, fue la última imagen de Forquera con vida: las 8.06 de la mañana, caminando hacia el predio, ubicado a menos de dos kilómetros de ese lugar.
Las contradicciones detectadas en los relatos de Cuevas llevaron a la Fiscalía a solicitar el primero de una serie de allanamientos en el predio.
El procedimiento se realizó durante la tarde del 14 de julio. Los investigadores encontraron un terreno de unas 14 hectáreas, con construcciones precarias, corrales de aves y un sector destinado a la cría de cerdos.
En ese procedimiento se secuestró una escopeta de doble caño, una vaina, un teléfono celular sin marca visible y una Renault Kangoo que tenía pedido de secuestro por una denuncia de robo.
También se detectó una zona de tierra removida que aparentaba ser una excavación reciente, aunque esa búsqueda arrojó resultado negativo. El predio quedó bajo consignación policial durante la noche. Al día siguiente siguieron las actuaciones con rastrillajes y las tareas de criminalística.
El 15 de julio se realizaron nuevos allanamientos y rastrillajes con perros, personal de montada, infantería y criminalística. Los investigadores buscaban elementos que pudieran pertenecer a Forquera, entre ellos su ropa y la mochila o indicios de criminalidad.
El mal tiempo había sido un obstáculo durante la búsqueda. Según explicó la Fiscalía, las lluvias que se habían registrado durante todo ese mes dificultaban la visualización de algunas manchas a simple vista.
Sin embargo, encontraron una mancha en una de las chapas ubicadas en el primer corral de cerdos y en una campera verde. Mediante técnicas de criminalística se determinó que era sangre humana. A partir de ese hallazgo, los investigadores solicitaron al hermano de Mario, una muestra genética para realizar los cotejos de ADN correspondientes.
Mientras la búsqueda continuaba, comenzaron a aparecer testimonios que aportaron otra pieza al rompecabezas. M.P., un reciclador del basural de Senillosa que conocía a Cuevas, declaró que había visto al hombre que se convirtió en testigo clave allí alrededor del 15 de julio.
Según el relato llevado a la audiencia por la Fiscalía, el testigo le habría contado que había habido una pelea en el predio y que Diego Salazar era quien más había golpeado a la persona agredida. También habría dicho que él había pedido que dejaran de pegarle.
El testimonio fue incorporado por la Fiscalía como uno de los elementos que permiten reconstruir lo ocurrido dentro del predio.
Otro testimonio considerado central fue el de M.R. Según expuso la Fiscalía, contó que el 8 de julio había concurrido al predio y allí se encontró con Cuevas, Diego Salazar, “Samuel” y otro hombre. En esa oportunidad, Cuevas le habría relatado que había tenido una discusión con su “compadre”, que lo habían golpeado y que Forquera se había escapado.
Según ese relato, después de la pelea habían salido a buscarlo, pero no habían podido encontrarlo. La Fiscalía sostuvo además que Cuevas le habría explicado a R. cómo se había producido la agresión y le habría mostrado el lugar donde comenzó la pelea. Luego lo llevó hasta el sector de los corrales y le señaló el primer chiquero, donde, según su relato, habían llevado a Forquera atado.
Ese mismo sector sería posteriormente donde los investigadores encontraron las manchas de sangre en las maderas. Cuevas, de acuerdo con el testimonio presentado por la Fiscalía, habría dicho que Forquera logró escapar después de haber sido golpeado y que quien más lo había agredido había sido Diego Salazar.
Con esa reconstrucción, la Fiscalía planteó ante el juez que la acusación contra Cuevas, Salazar y Dilena no se sustentaba únicamente en el hallazgo del cuerpo.
La hipótesis presentada combina el último recorrido conocido de Forquera, sus propios mensajes y videos desde el predio, las declaraciones de Cuevas durante la búsqueda, los allanamientos, el hallazgo de sangre humana en el sector de los corrales y una serie de testimonios que, según la acusación, permiten reconstruir una secuencia de agresión, traslado y posterior escape de la víctima.
Sobre esa base, el Ministerio Público sostuvo que los tres imputados actuaron como coautores, aunque con una distribución de funciones dentro de la misma secuencia: Cuevas y Salazar habrían intervenido desde la primera agresión, mientras que Di Lena se habría incorporado activamente en el traslado y en el momento en que Forquera fue arrojado al sector de los corrales.