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La madrugada del 19 de julio pasado se produjeron dos milagros y un arresto. Eso es lo que dejan a la vista las imágenes mudas que hablan sobre la vehemencia del agresor y las reacciones que puede tener el ser humano cuando la vida está en juego.
El taxista Diego Rojas había levantado a Maximiliano Montoya y a una joven a eso de las 2:35 en la base de Sarmiento y Avenida Olascoaga, en el bajo neuquino, y le pidieron que los lleve hasta el Loteo Social ubicado en la zona oeste de la ciudad.
El violento ataque de Montoya comenzó en calle Antártida Argentina y Chrestia cuando a punta de revólver le exigió al taxista que cruzara el semáforo en rojo.
Pero sobre calle Avenida del Trabajador, entre Coronel Pringles y Batilana, se vivirán segundos escalofriantes.
Son las 2:49 con 30 segundos, Maximiliano Montoya dispara contra el taxista Diego Rojas y luego gira y le tira a la joven. Esa era la primera cita y la tercera vez que se veían.
Ella fue la primera en tirarse del taxi en movimiento sobre Avenida del Trabajador a pocos metros de pasar Coronel Pringles. De hecho, esconde la cabeza estremecida por la detonación y luego se incorpora y sale corriendo raudamente. Eran las 2:49 con 31 segundos.
Recientemente, la joven aportó mayores datos a los investigadores sobre lo ocurrido esa madrugada.
El taxi parecía alado con las puertas que se abrieron en los siguientes dos segundos.
A Montoya se lo ve en cuclillas con la puerta trasera, del lado del acompañante, abierta. Rojas ya abrió su puerta y se arroja para salvar su vida. Cae y rueda por el asfalto. En simultaneo, Montoya, con la agilidad de un gato, salta, trepa por el cordón de la calle, sube a la vereda y comienza su huida. Apenas si tastabilló. Son las 2:49 con 36 segundos.
El taxi está a la deriva. Rojas siente un molesto ardor en el cuello, todavía no cae en la cuenta de que un proyectil lo ha alcanzado. Se para y corre con desesperación para evitar que el auto de su patrón impacte de lleno contra el guardarraíl.
No lo logra, pero tampoco importa demasiado, lo único importante es que está vivo. Son las 2:49 con 45 segundos y frente al taxista hay un paredón que dice “Jesús”, un perro que ladra y el semáforo que le da luz verde a Montoya para que escape, aunque, después será detenido por la Policía a las pocas cuadras.
Un motociclista fue el primero en acercarse al taxista y luego un móvil policial irrumpe en la escena. Solo habían pasado tres minutos desde el dramático ataque. Lentamente un grupo de curiosos también se hace presente.
A las 2:55 el espíritu solidario de los tacheros quedará plasmado en las cámaras. Dos columnas de taxis van a parapetarse alrededor de Rojas mientras aguardan el arribo de la ambulancia que dobla por Batilana, a las 3:02, y se mete en contramano por Avenida del Trabajador.
El equipo de salud que asistió a Rojas se tomó siete minutos en revisarlo en el lugar. Al observar que la bala no le había producido una lesión vital, el Jesús del paredón parece hacerse más presente que nunca para todos los que estaban ahí y para Rojas ni hablar.
El agresor, Maximiliano Montoya sigue detenido por tres meses, acusado de homicidio simple en grado de tentativa en concurso real con amenazas coactivas agravadas por el uso de arma. El arma aún no fue encontrada.