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Sucedió en Marcilla, Navarra, donde un banco dio la orden de que tapiaran el acceso a una vivienda, y envió un cerrajero, que bloqueó la puerta de entrada como le habían pedido. Lo que no tuvieron en cuenta es que en la otra casa vive una abuela a la que dejaron encerrada por error.
La mujer, cuando se dio cuenta de que estaba atrapada en su propia casa, salió al balcón a pedir auxilio a los gritos. Afortunadamente, sus vecinos la escucharon y llamaron enseguida a la Guardia Civil.
Fue entonces que enviaron una patrulla de seguridad ciudadana, que sólo confirmó que la anciana se encontraba encerrada en la vivienda, en buen estado de salud, más allá del susto y del enojo, pero sin poder salir a la vía pública. Mucho tiempo después llegó el cerrajero, que liberó el bloqueo de la puerta, permitiendo la salida de la abuela de su propio domicilio, que no estaba afectado por el embargo de su vecino, quien efectivamente no había podido cumplir con sus obligaciones.
Según explicó más tarde la Guardia Civil, un vecino de la mujer llamó a las 12 del sábado, informando la situación de encierro involuntario de la mujer. El hombre contó que un cerrajero había clausurado la entrada a la vivienda y había dejado en su interior a la abuela. Para ese momento, la anciana ya había pasado un día entero sin poder salir.