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El genio futbolístico de Diego Maradona le abrió puertas al cielo y al infierno en proporciones parecidas y así como se codeó, con reyes, Papas y artistas de las más variadas ramas también compartió los bajos fondos. Esta etapa se dio sobre todo en Italia, donde tomó contacto con la Camorra de Nápoles, responsable de su llegada al Nápoli, de su esplendor y también de su caída, cuando la mafia italiana entendió que su presencia ya no le era útil a sus intereses.
A poco más de una semana del fallecimiento del ídolo, desde su fortuna hasta su pasado empiezan a ser tema de debate y también una oportunidad para seguir explorando un pasado colmado de contradicciones que en definitiva fueron las que lo terminaron acercando a la ruina.
Siempre fue un secreto a voces que Maradona nunca iba a poder escapar de la influencia de la Camorra, justamente la principal gestora de su arribo al sur de Italia.
Allí, jugando para el Nápoli Diego se convirtió en una figura mítica que llenó de alegría a una ciudad tan pobre como violentada por la lucha entre los clanes y que él llegó a conocer muy bien ya que el costoso fichaje que se pagó por él en 1984 (poco más de 10 millones de dólares) en parte provenía de grupos mafiosos para intentar salvar a un club muy endeudado.
Los Giuliano, recuerda este domingo Infobae, fue el grupo mafioso que arrasó Nápoles durante los mismos años en los que el mejor jugador de todos los tiempos llevaba a la gloria al club de la ciudad. La llegada de Diego al bunker de la mafia en Forcella, un barrio de Nápoles, fue propiciada por Luigi Giuliano, sobrino del jefe mafioso Carmine Giuliano, conocido como ‘o lione (el león).
“Mi tío Carmine jugaba al fútbol, por lo que era un gran tifoso del Napoli. En ese momento aquí estaba Maradona, así que hubo momentos realmente especiales en la ciudad”, dijo el hombre, un camorrista arrepentido, al medio Voce Di Napoli.
Según Luigi Giuliano, sin embargo, Maradona no iba a Forcella por las drogas sino para divertirse y pasar tiempo con amigos. Jugaba al fútbol, hablaba con todo el mundo, era el invitado de honor en todas las fiestas e incluso participó en bodas y celebraciones familiares”, contó.
“Creo que Diego no se había preguntado en absoluto si estaba bien o no juntarse con un camorrista, con alguien que era buscado por la justicia”, declaró.
“Él era así, era una persona que no se negaba a nadie. Y esas eran fiestas con gente que lo adoraba“, detalló.
Así conoció el submundo de la droga y la prostitución los principales negocios explotados por los mafiosos. El año pasado en una entrevista a la televisión italiana Maradona afirmó que si algún camorrista aparecía en los diarios junto a él era porque yo no le pedía documentos a todos los que se me acercaban”.
“A la Camorra nunca le pedí nada", confesó. "Solo me dieron la seguridad de saber que no le ocurriría nada a mis dos hijas” y, dejando en claro que conocía las reglas del juego, agregó: “El problema es que una vez que confías en la Camorra, pasas a ser de su propiedad”.
La relación del Diez con los mafiosos pasó a ser de público conocimiento después que, en unos allanamientos realizados en las viviendas de los Giuliano, fueron incautadas varias fotos del astro argentino junto a varios jefes camorristas. Las imágenes fueron publicadas meses después del allanamiento, una muestra de la protección de la que Maradona gozaba en las altas esferas del poder italiano en la cúspide de su popularidad.
Algunas de esas fotos, como la de Maradona en una bañera con forma de concha marina junto a Carmine y Raffaele Giuliano, dieron la vuelta al mundo y comenzaron a opacar la figura del futbolista en Italia que finalmente se tuvo que ir cuando la mafia decidió que si figura les estaba siendo incómoda ya que a los jefes del clan no les gustaba operar bajo la mirada de todo el mundo.
Es que como muestra el documental de Asif Kapadia Diego Maradona, los mafiosos comenzaron a sentirse observados y esa fue la razón por la cual lo terminaron de hundir ya que poco después le cayó una investigación por posesión de drogas y la positividad a la cocaína en un control antidopaje después del Mundial del 90, que lo alejó de las canchas durante un año y medio.
En Nápoles, los Giuliano tuvieron el control absoluto del inframundo de Forcella durante unos veinte años, desde la década de 1980 hasta el comienzo del nuevo milenio, cuando fue debilitada por los arrestos y el arrepentimiento de sus figuras más prominentes. En la actualidad buscan resurgir a través de la tercera generación del clan.
El poderío de los Giuliano se potenció después de la segunda guerra mundial con el contrabando de cigarrillos manejado por el patriarca de la familia Pio Vittorio Giuliano. En la década de los 80, el grupo criminal aumentó su influencia bajo el liderazgo de Luigi, el mayor de los 11 hijos de Pio, conocido con el apodo de “O re”, el rey.
La actividad ilegal más lucrativa del fueron las apuestas de fútbol, el narcotráfico, el contrabando, la lotería ilegal, la falsificación, la extorsión y los préstamos usureros. Diego Maradona no formó parte claro de todo este submundo sobre el que no podía –tal como era su costumbre- enarbolar ninguna causa y sobre el que estaba obligado a mantener un "aconsejable" silencio stampa.