A las espaldas del paraje está el desierto. Eso explica que el único camino posible sea hacia territorio neuquino. Pero hay algo que en Neuquén escasea y en Las Perlas abunda: la tierra para vivir. "Las Perlas está en constante proceso de crecimiento, estadísticamente es una familia por semana y quizás más", contó Néstor Padilla, colaborador de la delegación municipal.
Hoy en el paraje ya no hay tierra gratis, como hubo en algún momento. La comunidad está asentada dentro de un campo privado de 12 mil hectáreas de la firma Forestadora del Limay. El casco más viejo, de 33 hectáreas, se expropió en 1986 y hay otras 250 hectáreas en proceso de transferencia al fisco gracias a un acta que firmó la empresa en 2010. Pero eso no impide que existan loteos pagos y que los barrios sigan creciendo.
"Este es un paraje que siempre tuvo una especie de invasión del lado neuquino, el desarrollo siempre fue por explosión demográfica", explicó Padilla. Indicó que, por eso, hay gente desde el 67. "Es un constante arribo de gente y también tenemos mucha demanda de alquileres", dijo y comentó que entre las condiciones que hacen que el ciudadano quiera instalarse en Las Perlas está todo lo que sucede ho y con la construcción y las propiedades.
Neuquén ejerce su gravedad más allá del río. Recibe y devuelve. Pero el puente que une puede ser también una barrera que no deja avanzar. Al menos para Las Perlas, que necesita formalizar su crecimiento para lograr las inversiones que llevan años en el olvido.
"Muchos neuquinos eligen Las Perlas porque es más seguro. Algunos no cambian el domicilio porque los trámites se les hacen más fáciles". Guillermo. Empleado de comercio
"Me vine hace poco menos de un mes. Sería bueno que esto se hiciera municipio, porque tendríamos más comodidades". José. Estudiante
"Soy vecina desde hace 18 años. Mi primer trabajo como docente fue en la escuela de acá y me enamoré del lugar. Es terrible como crece". Silvana. Comerciante y maestra
Mate en la vereda
Las Perlas es una comunidad con identidad propia. Aunque formalmente se la considera un barrio cipoleño y gran parte de la población tiene domicilio en Neuquén, los vecinos no se identifican ni con unos ni con otros. "Somos perlenses", contestan.
Esa identidad se refleja en el nombre de las calles, que se decide por voluntad popular, sin más trámites. En los barrios más viejos eligieron denominarlas como los primeros pobladores, sin olvidarse del fundador: Miguel Lembeye.
Además, Las Perlas se caracteriza por un ritmo de vida tranquilo, pausado. Los vecinos toman mate en la vereda y los autos circulan despacio. Cuando la única línea de colectivo, el 102, no pasa a horario, los viajeros hacen dedo y siempre algún conductor amigo los arrima hasta Neuquén.
Hay un centro comercial sobre la calle Lorenzo Urra, una radio local, iglesias de distintas religiones, plazas, balnearios, canchas de fútbol y locales de todos los rubros. Y como si fuera poco, cerca del puente de ingreso está el infaltable supermercado chino, inaugurado hace un año.
Las Perlas es ya una comunidad con su propia historia y su propio temperamento; resta que sea dueña de su propio destino.