La lucha de China contra el coronavirus va a una velocidad diferente al resto. Tras casi dos meses sin registrar ni un solo contagio local, la aparición de un pequeño brote en la ciudad de Qingdao -12 casos, la mitad de ellos asintomáticos- se va a afrontar sometiendo a la prueba de ácido nucleico a sus más de nueve millones de habitantes en tan solo cinco días.
La espectacularidad de la medida sigue las pautas de rebrotes anteriores, y con ella pretenden evitar que el foco se extienda por otras ciudades. El nuevo brote está ligado al Hospital Municipal de Dolencias Pectorales de Qingdao, donde son ingresadas aquellas personas que, al venir a China desde el extranjero, se detecta que tienen COVID-19 durante las pruebas y cuarentena obligatoria a las que se les somete a su llegada.
El hospital donde se detectó el foco ha sido clausurado y los edificios en los que residen los afectados, confinados. Además de estas dos medidas, las autoridades han lanzado una campaña de testeo masivo que se prolongará durante cinco días y pretende abarcar a sus más de nueve millones de habitantes. Por ahora, las pruebas realizadas a los casi 162.000 empleados y pacientes de hospitales de la ciudad han dado negativo.