Neuquén.- El consumo de ansiolíticos no para de crecer de Neuquén. Desde el Colegio de Farmacéuticos de esta capital se habla de un aumento de entre un 20% y un 25% en la venta de este tipo de medicamentos en los últimos años. Y los profesionales de referencia de la salud mental de la provincia no dudan en atribuir a sus propios colegas médicos la responsabilidad de este incremento exponencial.
La titular del Colegio de Farmacéuticos, Teresa Albizúa, dijo que si bien el aumento del expendio de medicamentos como Diazepam y Clonazepam es sostenido, va fluctuando en el transcurso de los meses y atribuye las causas de este fenómeno al alto nivel de estrés que se vive en la sociedad.
Por su parte, el psiquiatra Jorge Mamy -hasta hace pocos meses referente en el área de Salud Mental del sistema público, en el que trabajó durante 37 años hasta jubilarse- no duda en atribuir la suba a una práctica recurrente de los médicos de indicar el consumo de ansiolíticos sin antes tomarse el tiempo necesario para conversar con el paciente y, de ese modo, indagar en los motivos por los cuales acude al consultorio.
Mamy va más allá, incluso, al sostener que los mismos profesionales juegan con fuego al recetar esta medicación cuando no hace falta, induciendo a los pacientes a transformarse en auténticos adictos al Rivotril.
“El ansiolítico es el medicamento número uno en ventas, no sólo en Neuquén sino en todo el mundo”, asegura.
Según datos del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB), el año pasado se vendieron 114 pastillas de ansiolíticos por segundo. De ese total, cerca de un 20% se vendió en forma clandestina y sin prescripción médica, ya sea por internet o en locales bailables.
El informe destaca que en 2016 se prescribieron 96 millones de recetas y se dispensaron 120 millones de envases de 30 comprimidos.
Un jugoso negocio que no tiene techo
El elevado número de psicofármacos que se consume representa jugosas ganancias para la industria farmacéutica, que no ahorra en estrategias para influir a los médicos a la hora de firmar las recetas de sus pacientes.
Según un informe publicado por el matutino porteño La Nación, la facturación por este concepto el año pasado alcanzó los 20 billones de pesos.
Resalta que en 2012 se vendieron 86 millones de cajas de 30 comprimidos, en 2013 el número subió a 89 millones, en 2014 fueron 99 millones, en 2015 se llegó a 109 millones y el año pasado se marcó un nuevo récord con 120 millones de envases.
Al tratarse de un consumo de carácter adictivo, desde el sector farmacéutico sostienen que la comercialización de ansiolíticos no tiene techo en una sociedad como la argentina.
Un intento por frenar la venta indiscriminada
Desde el Instituto de Seguridad Social del Neuquén (ISSN), la principal obra social de la provincia, tomaron nota del fenómeno provocado con la alta cantidad de recetas de ansiolíticos prescriptas por sus prestadores médicos y resolvieron implementar un límite.
Las dosis más altas de Clonazepan, por ejemplo de dos miligramos, sólo pueden ser confeccionadas por psiquiatras. Sin embargo, las dosis más bajas son las que sí pueden ser autorizadas con la firma de médicos generalistas o clínicos.
El psiquiatra Jorge Mamy opinó que los profesionales deberían dedicar más tiempo a escuchar a sus pacientes porque, en ocasiones, no hace falta indicarles que tomen Rivotril, debido a la alta dependencia que esa medicación genera.
Mamy dijo que las secuelas de la adicción a esa medicación provocan trastornos de la memoria y dificultades conductuales.
“Los ansiolíticos pueden hacer todavía más daños que una droga ilegal”, comparó el profesional.
Sugirió, en ese sentido, que las autoridades sanitarias competentes acentúen las capacitaciones a los profesionales para evitar las recetas fáciles de ansiolíticos, al tiempo que se mostró a favor de que se hagan más rígidas las normativas para evitar que el problema adquiera mayor dimensión de la que tiene.
Mamy observó que en el último tiempo la mayoría de los pacientes que llegan a las guardias lo hacen para plantear algún problema relacionado con la situación sociocultural, más que por un cuadro clínico específico. No obstante, reconoció la fuerte influencia que ejerce la industria farmacéutica en los profesionales que llevan a prescribir recetas de ansiolíticos indiscriminadamente.
40 por ciento aumentó el consumo de ansiolíticos en Argentina en los últimos cinco años.
Los especialistas coinciden en afirmar que la sociedad argentina es intensamente emotiva. Asimismo, tiene una fuerte gravitación en el humor social el clima de violencia y de crisis económica, que lleva a acentuar cuadros depresivos o de alto estrés.
Todas estas variables tienen una incidencia directa en el consumo de ansiolíticos.