Barcelona.- En Barcelona se abrió el primer prostíbulo de muñecas inflables de España, un negocio bastante común en países como Japón. Los objetos de deseo en cuestión son las llamadas “sex dolls”, la evolución de las tradicionales y fetichistas muñecas inflables. Están equipadas con curvas más o menos pronunciadas, a gusto del consumidor, y su precio en el mercado puede superar los 6000 euros.
El prostíbulo de muñecas ha sido bautizado Lumidoll, nombre compuesto entre el sustantivo que se utiliza en jerga para denominar a las prostitutas, “lumis”, y “doll”, que en inglés significa muñeca.
La recepcionista de la primera agencia de sex dolls de España asegura que todavía no puede valorar cómo ha sido recibida la novedad entre los clientes de este tipo de fetichismo sexual, ya que el negocio se inauguró el viernes. Lumidoll ofrece, por el momento, los supuestos servicios sin límites de cuatro sex dolls. Según las tarifas, la hora con una muñeca cuesta 120 euros (hay una oferta de lanzamiento a 80 euros), la hora y media cuesta 150 euros (100 euros durante la oferta promocional) y dos horas 170 euros (120 en oferta).
En cuanto a la higiene, el prostíbulo asegura que antes y después de cada servicio las desinfectan “con jabones especiales antibacteriales”. Aun así, recomiendan el uso de preservativos que la propia empresa proporciona. Para los servicios se pide cita por adelantado, donde el cliente indica cómo desea que vaya vestida la muñeca.
A todo esto, Conxa Borrell, presidenta de la Asociación de Profesionales del Sexo, dijo que este nuevo negocio no hará la competencia a la prostitución tradicional: “Las sex dolls no van a sustituirnos, cumplen su función como fantasía pero no amenazan nuestra profesión”. Borell considera que “cumplir fantasías es muy sano y las muñecas están en las fantasías de mucha personas”.
La presidenta de Aprosex asegura que Japón les “lleva tres vidas de ventaja a la hora de cumplir fantasías” y confirma que las sex dolls serán un auténtico complemento “porque habrá clientes que querrán tener una prostituta, una muñeca u otro tipo de fantasías”.
La historia del japonés que abandonó a su esposa para vivir con una muñeca
Senji Nakajima, un japonés de 61 años oriundo de Tokio, estaba al parecer tan harto de las relaciones humanas, y particularmente de su esposa, que se enamoró de su muñeca inflable y desde hace un tiempo vive una vida de pareja con el objeto. Cuando se supo la noticia, él reconoció que al inicio sólo utilizaba su muñeca con fines sexuales pero que luego nació el amor. ”Para mí ella es mucho más que una muñeca, no es simple silicona. Ella necesita mucha ayuda, pero es mi pareja perfecta y compartimos grandes momentos juntos”, afirmó Senji Nakajima.