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En medio de una fuerte crisis económica, política y social, en diciembre de 2001 el entonces presidente Fernando De la Rúa estableció la prohibición del libre uso de los depósitos en cajas de ahorro, cuentas corrientes y plazos fijos. Fue un recurso extremo para evitar una corrida bancaria en medio de una fuerte crisis económica, pero terminó desatando una ola de protestas que dejó decenas de muertos.
La crisis económica había comenzado en 1998, el último año del gobierno de Carlos Menem, provocada principalmente por el intento de mantener como fuera la Convertibilidad establecida en 1991, que fijó una paridad de un dólar a un peso (por eso siempre se la llamó “uno a uno”).
De la Rúa había heredado una gran deuda externa de Menem y había una fuerte fuga de divisas del sistema financiero por temor a una devaluación. A esto se sumaron varias decisiones impopulares para bajar el déficit fiscal, como aumentar impuestos y recortar prestaciones sociales, como la famosa baja de 13 puntos en los haberes de los jubilados.
Para cumplir con su promesa de mantener la convertibilidad y evitar una devaluación, el entonces presidente convocó al creador del “uno a uno”, Domingo Cavallo, como ministro de Economía. Si bien esto consiguió frenar algo la salida de depósitos cuando se lanzó el conocido “Megacanje”, al poco tiempo volvió a acelerarse la fuga de depósitos. La ultima corrida comenzó en julio y se aceleró tanto que, en agosto el secretario del Tesoro de EE.UU., John Taylor, manifestó su "preocupación" por la volatilidad de los depósitos.
Además, el recorte de fondos de la Nación al Interior provocó que varias provincias y municipios empezaran a pagar con las llamadas “cuasimonedas”, de las cuales las más famosas fueron los Patacones bonaerenses y los Lecop nacionales.
En este escenario, el Gobierno acudió al FMI para solicitar una ampliación del acuerdo "stand by", pero eso no frenó la fuga ni tampoco lo hizo un nuevo canje de deuda en dólares "compulsivo" por préstamos garantizados a las AFJP y bancos.
Así, en medio de un clima general de desconfianza en el sector financiero y como un intento desesperado por proteger las reservas y evitar un nuevo default, el 1º de diciembre Cavallo anunció el congelamiento de los depósitos en dólares en los bancos, que sumaban más de US$ 50.000 millones.
El llamado “corralito” sólo permitía a los ahorristas retirar un máximo de 250 pesos/dólares en efectivo a la semana, sumado a que se prohibió realizar transferencias al exterior. La medida buscaba principalmente frenar la salida de depósitos que había comenzado en octubre de 2000, en medio de la crisis política que generó en el gobierno de la Alianza la renuncia del vicepresidente Carlos 'Chacho' Álvarez.
Esta fue la última medida económica del gobierno de De la Rúa, que renunció el 20 de diciembre de 2001 en medio de un fuerte estallido social que dejó casi 40 muertos. Tras su salida, Argentina tuvo una seguidilla de cinco presidentes en dos semanas, terminó declarando un default por US$ 102.000 millones, y saliendo de la Convertibilidad con una fuerte devaluación.