Llegó a esta provincia en los años ‘70 convocado por autoridades de Salud Pública. Eran las épocas de la puesta en marcha del Plan de Salud, modelo para muchos países. Fue nombrado “Personaje de mi ciudad” por la Asociación Juan Bautista Alberdi.
Roberto Raña, compañero, padre, médico, amigo, ha dejado una profunda y entrañable marca en la vida de quienes lo conocieron.
Los hombres no valen por lo que tienen…
Valen…por lo que dan.
Don Roberto Raña era un hombre que pensaba, sentía y obraba con un profundo respeto y amor por la vida. Nació el 7 de junio de 1936 en el barrio porteño de Constitución; su madre era ama de casa y su padre colectivero de línea 60. Fueron cuatro hermanos, de los cuales Roberto era el mayor. Le seguían Héctor, Jorge y la menor, Carmen.
Formación Médica y Hematológica
En la capital porteña consiguió trabajo a temprana edad; gracias a ello, pudo costearse la carrera de Medicina, que cursó en la Universidad de Buenos Aires. Con no poco esfuerzo, en 1965 recibió el título de Médico, y completó su formación Hematológica en el Hospital Fiorito de Avellaneda, para luego continuar en el área de Hematología del Instituto Nacional de la Salud, actualmente el Hospital Posadas.
Su familia
En 1962, luego de cinco años de noviazgo, Roberto se casó con Beatriz Agostinelli.
Betty nació el once de abril de 1933 en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Su padre era oriundo de Ancona, Italia. Al poco tiempo de nacida, la familia se trasladó al barrio de Devoto.
Betty trabajaba en la DGI y, por intermedio de una amiga, conoció a Roberto. Fueron compañeros para toda la vida, y tuvieron cuatro hijos: Andrea, Pablo, Diego y Florencia.
El arribo a Neuquén
En 1968, Roberto se mudó con su familia a la ciudad de Neuquén. La razón: fue convocado, junto a otros profesionales, por las autoridades de salud de esta provincia. De este modo, el Doctor integró el sector de Salud Pública neuquina que, a partir de la década del 70, comenzaba una carrera en ascenso, al punto de convertirse en un sistema modelo a nivel nacional. Roberto fue, en efecto, el primer Médico Hematólogo de la Patagonia, y creó el Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Regional Castro Rendón, cuya jefatura ejerció por 24 años.
Su esposa Beatriz recordó que “apenas llegamos, alquilamos al señor Rosel, junto a la familia Morandi, un domicilio ubicado en la calle Ministro González, enfrente de la casa del Dr. Enrique Benedetti, por entonces Secretario de Salud. Benedetti tuvo el buen tino de salir como garante del alquiler. Recuerdo que el bioquímico Dr. Calvo también nos ayudó mucho.”
Múltiples tareas
Con un constante espíritu emprendedor, en noviembre de 1972 Roberto Raña inauguró su propio consultorio hematológico. Betty lo asistía. Dos años más tarde montó, en el mismo lugar, el Laboratorio de Análisis Clínicos; posteriormente adicionó el servicio de Hemoterapia y el Banco de Sangre. El centro médico, que abrió hace 39 años, hace poco fue rebautizado con el nombre de “Clínica Dr. Roberto Raña”.
Además de estas tareas de carácter privado, tuvo a su cargo los servicios de Hematología y Hemoterapia de los más importantes centros médicos de Neuquén: Policlínico ADOS, Clínica Pasteur, Clínica San Agustín, Clínica San Lucas y CEMIC.
Convencido de que había que construir redes en la Patagonia, una región con características propias, impulsó, junto a otros colegas, el Grupo Hematológico del Sur. Una de sus primeras y principales tareas fue convocar a los demás hematólogos con el objeto de obtener datos precisos sobre la incidencia de las enfermedades hematológicas en la región; así fue como lograron conformar el “Registro Epidemiológico del Grupo Hematológico del Sur”, trabajo muy bien recibido en congresos y ponencias.
La hoja de servicios y tareas del incansable Dr. Raña no termina aquí: fue presidente de la Federación Médica de Neuquén y Río Negro, Director del Instituto Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional del Comahue, miembro del Tribunal de Honor de la Asociación Argentina de Hemoterapia e Inmunohematología; inauguró, junto a su querido compañero, Dr. Scuteri, el Colegio Médico de Neuquén, y fue nombrado “Personaje de mi ciudad” por la Asociación Juan Bautista Alberdi de Neuquén.
Entre 1986 y 1999, junto a médicos amigos como los dres. Isaac Moncarz y Roberto Lugones, entre otros, comenzó una larga lucha por el uso racional, la accesibilidad y calidad de los medicamentos, trabajo que se plasmó en conformación de un Formulario Terapéutico Nacional. A partir del año 2000, Raña desarrolló un trabajo notable como directivo de la Fundación de la Comisión Nacional de Medicamentos (CONAMED), especialmente en el área de fármaco-vigilancia. En su memoria, la Fundación decidió instituir el premio Dr. Roberto Raña que consiste en distinguir las investigaciones, relatos o ensayos sobre la base de la temática “Ética, calidad y Medicamentos”.
Otras actividades
Sus ideales por una sociedad más justa hicieron de él un hombre respetado y admirado. Tuvo la iniciativa de crear la Lista Azul en defensa de la Cooperativa de Servicios Públicos CALF de Neuquén, amenazada por la ola de privatizaciones de la década del 90. Roberto Raña estaba convencido de que el sistema económico educa al ciudadano y que las cooperativas son un ensayo hacia una sociedad distinta. Si bien la lista que presidía no obtuvo los votos suficientes para ganar el Consejo de Administración de la Cooperativa, continuó ocupando un rol de contralor y de denuncia cuando hiciera falta.
Fue socio y colaborador de la Asociación “Neuquén para Neuquén” quienes siempre lo recuerdan por el importante aporte que realizaba en la concurrencia a sus asambleas, nos testimonió uno de sus socios.
Sus amigos y familiares lo definen como un hombre con gran sentido del humor y una actitud abierta a brindar todos sus conocimientos sin mezquindades. Esos valores y convicciones lo guiaron en toda su trayectoria profesional y en su accionar social. Nunca buscó reconocimiento; aún así, luego de su partida en diciembre de 2003, su recuerdo sigue intacto en la comunidad neuquina y en sus pacientes, con los que construía una relación de confianza y amistad, además de sus colegas, y con los que compartía largas jornadas de trabajo que él se encargaba de amenizar con bromas, y, sobre todo, mucha pedagogía.
El Dr. Roberto Juan Raña fue un hombre incansable, modesto y solidario que no dudaba en trasladarse donde requirieran sus servicios profesionales. Fue portador no solo de sabiduría en su trabajo, sino de la humildad de los grandes. Este es un pequeño pero sentido homenaje a un hombre que vino a acrecentar la historia neuquina con sus servicios y conocimientos.