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Rusia inventa un robot de combate tipo Terminator

Con inteligencia artificial, elige a quién y cuándo disparar. Acumula experiencia.

El AK-47, más conocido como Kalashnikov, es el arma más popular del mundo. Este fusil de asalto se caracteriza por su cargador con forma de cuerno y su durabilidad. Una serie de cualidades apreciadas por soldados de todo el mundo a lo largo del siglo XX y a partir de las cuales creció un imperio empresarial que, lejos de la simplicidad que caracteriza a su producto estrella, ahora apuesta a la producción de sofisticados robots de combate autónomos capaces de decidir cuándo y a qué objetivos disparar. Kalashnikov ya no es sólo aquel mítico fusil capaz de disparar tras sumergirlo en barro, en tierra o luego de que la oruga de un tanque le pasara por encima. Ahora quiere ser “Terminator made in Rusia”.

En una reciente visita del presidente ruso, Vladimir Putin, a la fábrica de esta empresa, Kalashnikov presentó su nueva gama de robots de combate. Son dispositivos que, según la compañía, funcionan con inteligencia artificial, sin que una mano humana sea necesaria para ponerlos en batalla. Al igual que ocurre con los soldados humanos, estos nuevos robots operan de forma autónoma, eligiendo los objetivos por sí mismos, tomando decisiones sobre cuándo disparar y sobre cuándo esperar y, sobre todo, adquieren experiencia en combate y son capaces de afinar su mecanismo de funcionamiento y toma de decisiones a medida que adquieren veteranía.

Esta gama de máquinas, que cuanta con distintos modelos aéreos y terrestres, lleva incorporadas ametralladoras pesadas modelo Kalashnikov PK, también fabricadas en la casa. Asimismo, según indicó un portavoz de la empresa, la producción de drones de combate autónomos es una apuesta estratégica, ya que la compañía rusa prevé “mostrar una nueva gama de productos” entre los que se encuentra “un módulo de combate totalmente automatizado que se presentará en la feria Army 2017”.

La marca Kalashnikov se encuentra firmemente arraigada al imaginario colectivo ruso. En el 2013, el ex presidente ruso Dimitry Medvedev se refirió a Kalashnikov como “la marca de la que todo ruso se siente orgulloso”. Un orgullo nacional que se traduce en suculentos dividendos para una empresa que, lejos de verse afectada por el veto de Estados Unidos a Rusia tras la revolución del Maidan en Ucrania, ha sabido reinventarse como una empresa centrada en la producción de armas para uso militar en lugar de dirigirse a mercados civiles como el de Estados Unidos.

Como todo modelo empresarial de éxito, Kalashnikov está apostando a una estrategia de tres patas: por un lado, una fuerte apuesta por la I+D+I (investigación, desarrollo e innovación) con el desarrollo de nuevos productos robóticos. Por otro, la producción de armas destinadas al mercado de venta civil, que es el segmento en el que preveían un mayor crecimiento con la venta de versiones modernas del AK-47 y del Saiga (la versión de caza), tanto en el mercado ruso como en el norteamericano, pero que debido a las sanciones no terminó de cuajar. Y finalmente, como proveedor de armamento y equipos militares baratos para países en vías de desarrollo.

Armas: Estos robots llevan incorporadas ametralladoras pesadas del modelo PK.

La fabricación es de Kalashnikov, dueña de los famosos fusiles AK-47, los más populares del mundo.

Multiplicación de las ganancias

Con este rumbo definido hacia la modernización, Kalashnikov aumentó sus ingresos de manera considerable, llegando a superar la barrera de los 300 millones de dólares. Pero, como todo negocio, la expectativa es continuar creciendo lo más que se pueda, y desde el interior de la empresa rusa aspiran a multiplicar esa cantidad de cara al presente ejercicio fiscal. Y ni hablar comparado con el año pasado, que habían facturado menos del doble. Lo que se dice, un disparo en el blanco.

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