"Nosotros estábamos viviendo en Confluencia y el hombre a los 9 meses nos mandó de sorpresa una carta de desalojo y como no tenemos donde vivir recurrimos a la Unión de Inquilinos. Tuvimos que llegar a un acuerdo para retirarnos y ahora no tenemos donde vivir", contó el hombre.
"La presión psicológica que recibimos de esta persona todos los meses sin deberle nada era de todos los días. Amenazaba a los garantes y para no perjudicarlos era la única solución que teníamos. No andamos tomando terrenos sino que queremos que el Gobierno nos escuche porque hay gente que estamos necesitando vivienda", agregó Gerardo.
El hombre junto a su esposa, quien fue recientemente operada, se instalaron con sus hijas de 2 y 6 años en la plaza Roca en espera de que algún funcionario pueda brindarle una ayuda.