Gustavo Huanque de 38 años transformó una damajuana con cítricos en un elixir, que cuenta con habilitación oficial para vender al público.
En tierras ancestrales donde todavía sobrevive la esencia y la identidad mapuche en cada viento que cruza el espejo de agua, el espíritu inquieto y audaz de un joven de 38 años encontró otra forma de nombrar su territorio.
Gustavo Huanque, integrante de la Comunidad Mapuche Zapata del paraje Laguna Blanca, criancero, ovinocultor y artesano soguero de toda la vida, se animó hace dos años a un desafío que nadie esperaba: hacer gancia.
Todo empezó por casualidad. Se encontró una damajuana con algunos cítricos en su interior, tirada en el campo. Un video de YouTube le abrió la perspectiva esa noche de invierno. “Y si pruebo?”, se dijo. Y desde la nada misma, en el interior de su puesto con vista a la laguna emblemática, empezó la faena. Sin receta, sin escuela, solo con intuición. Algo en ese proceso le dijo que iba por buen camino.
Ese elixir casero pasó la prueba de fuego más difícil: el paladar de su familia y sus amigos. Cuando ellos dijeron “esto está bueno”, Gustavo entendió que había algo más que un experimento. Había nacido “La Laguna”, un gancia artesanal bautizado así en honor y reivindicación a su tierra madre.
De la tradición criancera a la diversificación
La historia de Gustavo marca algo clave: el espíritu mapuche de adaptarse y reinventarse sigue vivo. Por generaciones Laguna Blanca fue sinónimo de oveja, lana y soguería. Hoy, sin abandonar la crianza, se abre a diversificar la economía desde el mismo campo.
“Empecé en el campo, me salió bien, y busqué dar el salto”, contó Gustavo. Ese salto lo llevó a Zapala, a la Sala de Elaboración de Alimentos que funciona hace 5 años en el ámbito de la municipalidad.
Un espacio clave para que emprendedores como él puedan producir de forma legal, registrada y en condiciones sanitarias seguras para toda la región centro y más allá.
Ahí se le presentaron otros desafíos técnicos: proporciones exactas, limpieza, registro, etiquetado. Sin embargo, con la misma decisión firme que lo llevó a destilar su primer litro, fue avanzando paso a paso.
Primero sacó el carnet de manipulación de alimentos para poder estar en la Fiesta de la Empanada. Después alguien lo orientó y llegó a la Sala. Hoy su producto sale al público como corresponde: bien preparado, sano y con todos los requisitos que el exigente mercado precisa y demanda hoy.
“Cuando hay acompañamiento, el trabajo crece”
Desde el municipio, el intendente Carlos Koopmann valoró el caso: “Historias como la de Gustavo demuestran que cuando hay acompañamiento, el trabajo y el esfuerzo de nuestra gente crece. Que un joven mapuche de Laguna Blanca pueda transformar lo que tiene a mano en un producto de calidad, con identidad y registro, es el camino que queremos para Zapala y la región”.
Y agregó: “La Sala de Elaboración es justamente eso: una herramienta para que nadie tenga que elegir entre quedarse en la informalidad o no animarse a emprender. Que ‘La Laguna’ llegue a las mesas con todos los permisos es orgullo para nosotros. Apostamos a que más Gustavo se animen, porque diversificar es cuidar el arraigo”.
Hoy “La Laguna” es más que un gancia artesanal. Es el sabor de un territorio, la prueba de que la identidad mapuche también se reinventa en una botella. Es la historia de un criancero que miró la laguna, probó algo nuevo, y decidió ir por más.
Demanda que no para
Hoy Gustavo ya no produce “por si acaso”. Produce porque le piden. “La venta va bien. Ya conocen el producto y siempre están pidiendo más”, admitió con orgullo el joven productor. Al mismo tiempo reconoció que muchas veces la demanda ha superado el ritmo de producción, sin prisa, pero sin pausa va cumpliendo con todos los pedidos. “A veces falta tiempo para laburar, pero gracias a Dios podemos llegar a distribuir nuestra bebida artesanal”, remarcó.
Al respecto contó que aprendió el tiempo de la tierra: “Se hace toda la elaboración y después hay que dejar reposar el producto aproximadamente 45 días en un lugar fresco y oscuro. Lo esencial es que no le dé la luz”, detalló el paso a paso de su producción. Añadió que “solo hay que agitarlo nada más, porque lleva azúcar. Una vez que ya está el proceso de la maduración, el azúcar se disuelve toda y llega el momento de cosechar”.
Hoy “La Laguna” ya sale de la Sala con registro y protocolo. Pero Gustavo sabe que le falta el último detalle para que sea único: la etiqueta definitiva que hable de Laguna Blanca. Según explicó están trabajando en su diseño y que contará con una foto específica del principal atractivo turístico de la zona y que figurarán todo
las reglamentaciones exigidas, como: el vencimiento, la producción, el productor y la fecha de elaboración. Por ahora el proyecto es de uno solo. “El emprendimiento es personal. La familia por ahí acompaña, pero lo llevo adelante con mucha dedicación y convicción”, aseguró.
De criancero a emprendedor con registro. De la soguería al gancia artesanal “La Laguna”. La historia de Gustavo Huanque demuestra que en Laguna Blanca la identidad mapuche también se diversifica. Y que cuando el Estado pone una sala, una etiqueta y un protocolo, el trabajo de la gente del campo crece, se ordena y llega más lejos.
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