Si bien ante los ojos de la sociedad, o incluso del derecho, no se exime al sujeto de responsabilidad o culpabilidad, sí lo hace en el marco de su propia percepción.
Para llegar a esta conclusión, los científicos reclutaron a un grupo de voluntarios que debía activar descargas eléctricas moderadas en otras personas a cambio de una compensación, y siempre bajo conocimiento de cuáles serían las consecuencias del daño provocado.
Mientras que el sentimiento de culpa se activó casi inmediatamente en quienes realizaban las descargas por voluntad propia, no sucedió lo mismo con quienes lo hacían bajo las órdenes de otros.
Los investigadores sostienen que "las órdenes no sólo aumentan el lapso de tiempo que tarda en activarse el sentido de agencia, sino que reducen la intensidad del proceso neuronal que entra en juego en la percepción de la responsabilidad de las acciones".
Haggard expresó que sería interesante seguir averiguando si es que hay personas más propensas que otras a desarrollar este mecanismo.
"Por suerte, en nuestra sociedad siempre ha habido gente que se ha opuesto a la coerción", concluyó esperanzado Haggard.
Percepción vs. falso argumento
La existencia de este mecanismo, si bien genera debate, no choca con el derecho. Es que la inimputabilidad, es decir, la exención de la responsabilidad penal, únicamente cabe para quienes por no tener la madurez suficiente (menores de edad) o por sufrir graves alteraciones psíquicas (enajenados mentales) actúan sin voluntad y conciencia. Esto es para quienes no tienen la capacidad de entender ni de querer al momento de cometer el acto punible.