"Yo me he limitado a poner una linterna en el otro lado de esa puerta, siguiendo pistas que los demás biógrafos han abandonado", afirmó Dalmau, quien se metió con aspectos un tanto controvertidos del genial escritor, tales como el asfixiante vínculo con su madre, una probable relación incestuosa con su hermana -uno de los motores que lo obligaron a irse de Argentina con destino a París-, el menor peso en la vida y obra de su viuda Aurora Bernárdez, un tratamiento hormonal para su gigantismo que lo convirtió a sus casi 60 años en un notable depredador sexual y la muerte por leucemia-SIDA por una transfusión en 1981 con sangre infectada de África.
Así, Dalmau teoriza sobre la historia afectiva y sexual de Cortázar a partir de interpretaciones que hace de su obra.
"Cortázar era un hombre bloqueado por los tabúes y puto esclavo de su madre. Casi nunca se comportó como macho alfa, sino que mostró una sensibilidad muy desarrollada". Miguel Dalmau. Autor de El cronopio fugitivo.
Safari sexual
Según Dalmau, las mujeres se volvieron un objeto de deseo en la vida del autor de Bestiario, y por ello tuvo varias amantes, entre las que se destaca la fotógrafa holandesa Manja Offerhaus, quien le tomó uno de sus retratos más conocidos. Pero el biógrafo añade algo más llamativo: aparentemente Cortázar realizó un "safari sexual" en Kenia, con motivo de una conferencia de la Unesco, donde persiguió a algunas mujeres locales. El especialista cortazariano llega a la conclusión de que el escritor habría violado a una tal C.C, basándose en unos poemas que se publicaron póstumamente.
Asimismo, el autor de El cronopio fugitivo hace referencia a la sorpresa que se llevó Mario Vargas Llosa cuando lo fue a visitar a Londres, porque de lo único que hablaba era de sexo, drogas y revistas eróticas. De todas maneras, Dalmau considera que Cortázar no se sentía cómodo manteniendo relaciones poligámicas y, según él, esto se ve reflejado en sus novelas y en las cartas para sus íntimos.