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Su madre fue violada por un empresario millonario y le ganó al abusador un juicio por filiación

La historia -que parece sacada de una novela- tiene como protagonista a un humilde albañil cordobés. Conocé todos los detalles del relato.

Casi como sacado de una novela, una historia que cuenta con muchísimos condimentos, sorprendió al país. Es que un cordobés, identificado como Marcelo Urbano, un empobrecido albañil de 58 años, fue reconocido por la Justicia como hijo de un bodeguero multimillonario, Eduardo Lapania. En este sentido, se conoció que el empresario violó a la madre del hombre en cuestión, y producto de ese abuso fue que se dio su concepción.

Su camino no fue fácil, ya que este reconocimiento -del que se desprende también un pedido de indemnización de más de 100 millones de pesos- se dio después de muchos años de luchar por su identidad y de dos ADN de por medios, los cuales señalaron que no hay ninguna duda de que él es hijo de Lapania.

Según se conoció, Marcelo conoció la verdad respecto a su padre, cuando su madre, en su lecho de muerte -después de batallar contra una grave enfermedad-, le reveló que un poderoso hombre había abusado de ella, y producto del mismo, ella quedó embarazada de él. Si bien a sus 21 años Marcelo logró contactar a su padre en Buenos Aires -y hasta consiguió un encuentro con él- Lapania lo despreció por completo.

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Pasaron los años, y cuando recién formó su propia familia -y por impulso de ellos mismos- decidió iniciar el juicio por filiación.

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Un abuso callado por años

La historia se remonta a la Navidad de 1962, cuando Marta Nieves Urbano trabajaba como empleada doméstica en la finca de la familia Lapania, en La Falda (Córdoba). Allí, según consta en el fallo del Juzgado Civil 84, fue víctima de un abuso sexual de parte de Eduardo, uno de los hijos de sus patrones, que entonces tenía 20 años.

“Manifestó que su madre se retiró a su cuarto a descansar y que, de forma sorpresiva, el demandado irrumpió en su habitación y la sometió sexualmente contra su voluntad, habiendo quedado embarazada como producto de ese lamentable episodio”, se lee en la sentencia, a la que tuvieron acceso diferentes medios nacionales.

Con esto, el albañil, que vive en Villa de Soto -departamento de Cruz del Eje-, se realizó dos cotejos de ADN que arrojaron que es hijo de Eduardo Lapania en un 99.7% y un 99.9%, respectivamente.

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“Todos dudaban cuando yo decía quién era mi padre, pero mi mamá nunca me mintió. Hasta en sus últimos días, ya agonizando, me repetía que era yo hijo de esta persona”, contó el albañil, que suele hacer changas en la ciudad de Córdoba.

Siguiendo el relato del hombre, su mamá nunca pudo denunciar lo sucedido y siguió trabajando en la casa de los Lapania, pero, cuando el embarazo se hizo indisimulable, todo cambió. Fue así que la mujer le contó la verdad a sus patrones y estos, lejos de acompañarla, la presionaron para que se sometiera a un aborto, y luego la echaron de su trabajo.

Pese a todo, Marta Urbano decidió seguir adelante con el embarazo y en septiembre de 1963 nació Marcelo. Ante las dificultades de la madre para criarlo, el nene quedó al cuidado de su abuela, que vivía en Paso Viejo, un paraje rural de Cruz del Eje.

Una verdad sorpresiva

Marcelo creció tanto con carencias afectivas y económicas, pero su mamá siempre estuvo presente. Justamente fue a ella a quien comenzó a preguntarle quién era su papá. Pese a que durante gran parte de su vida recibió evasivas, siendo un adolescente, escuchó la verdad. “Me decía que él era un millonario y a mí me parecía una fantasía”, agregó Marcelo.

Según consta en la resolución, que difundió el periodista Mariano Nievas (Mitre, Córdoba), Eduardo Lapania declaró que nunca fue informado del nacimiento de Marcelo Urbano, y que en agosto de 1964 viajó a estudiar a Bélgica. Volvió 10 años después, en julio de 1974.

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A mediados de los 80, cuando cumplió 21 años, el joven cordobés viajó a Buenos Aires con un amigo y acordó un encuentro con su padre. “Me junté con él en un bar de Recoleta y le dije que era hijo suyo. Me negó todo, se levantó y se fue”, relató. Nunca más volvieron a tener contacto.

El juicio por filiación

Los años pasaron y Marcelo Urbano formó una familia. Se casó con María y tuvieron a Ayelén, Marcela, Jonathan, Rodrigo y Florencia. Sus cinco hijos fueron creciendo y comenzaron las preguntas: ¿quién es mi abuelo? ¿De dónde vengo? “Mi familia me insistió para que iniciara el reclamo”, confió.

En 2019, finalmente, Urbano acudió a la Justicia y el caso derivó en dos cotejos de ADN: uno fue efectuado en el Laboratorio de Inmunogenética y Diagnóstico Molecular (LIDMO), y el otro -a pedido del demandado- se realizó en el Centro de Excelencia en Productos y Procesos de Córdoba (CEPROCOR).

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Ambos estudios ratificaron que Marcelo Urbano es hijo biológico de Eduardo Lapania, uno de los propietarios de la conocida bodega mendocina Don Cristóbal, que exporta vinos a más de 15 países. Además, es geólogo de profesión y -según señala en su cuenta de Instagram- cónsul honorario de Bélgica. Pese a las evidencias, sigue negando el vínculo.

“Ahora me llamo Marcelo Urbano Lapania. Así lo determinó la Justicia. Ya soy heredero de esta persona, y le inicié un juicio civil por daño moral y falta de oportunidades, porque yo no pude estudiar ni tener la vida que tuvieron mis hermanos de sangre”, contó el hombre. La demanda es por más de 100 millones de pesos, confirmó su abogado, Federico Crucella.

“Si tuviera enfrente a mi padre le diría todo el daño que les hizo a mi mamá y mi abuela. Aunque si me hubiese reconocido mi vida habría sido más fácil, a mí no me va a cambiar nada el dinero. A lo mejor, a mis hijos y a mis nietos sí”, concluyó.

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