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Decenas de bomberos luchaban este domingo para sofocar un gran incendio de diez horas en la sede del Parlamento sudafricano en Ciudad del Cabo, que provocó la caída de parte del techo del edificio, según informaron las autoridades.
Si bien no se reportaron víctimas, ya está gravemente dañado el histórico edificio, que alberga una valiosa colección de libros y la copia original del primer himno nacional en afrikaans, La voz de Sudáfrica, entonado durante el apartheid.
El origen del incendio aún es desconocido, pero "una persona fue detenida y está siendo interrogada", declaró el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, que acudió al lugar.
El fuego empezó en un antiguo edificio del Parlamento hacia las 5 (la una de la madrugada en Argentina). Ahí se encuentran las salas cubiertas de madera preciosa, donde antes estaban los escaños de los diputados. Las llamas se propagaron luego a las partes de construcción más recientes, que están actualmente en servicio.
"El techo del antiguo edificio que alberga la Asamblea nacional se ha derrumbado, no queda nada", declaró a la prensa un portavoz de la seguridad contra incendios de la ciudad, Jean-Pierre Smith. "El conjunto ha sufrido importantes daños causados por el humo y el agua", añadió, y declaró que "el incendio no ha sido controlado".
Imágenes aéreas de las cadenas de televisión mostraban inmensas llamaradas saliendo del techo. El gran edificio victoriano, que tiene varias dependencias, estaba envuelto en una espesa nube de humo negro.
La calles del barrio residencial donde se halla el Parlamento fueron rápidamente cortadas. El cordón de seguridad se extendía hasta las flores aún expuestas en el atrio de la vecina catedral Saint-Georges, donde la víspera se celebraron los funerales de Desmond Tutu, último héroe de la lucha anti-apartheid, muerto el 26 de diciembre.
Los habitantes de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, sorprendidos al despertar por este incendio, compartieron rápidamente fotos en las redes sociales.
Un equipo de 30 bomberos fue el primero en llegar al lugar, y lucharon contra el incendio durante varias horas, antes de tener que retroceder debido a la intensidad del fuego, y pedir refuerzos.
Horas después de que el fuego fuera visible desde la autopista, llegaron camiones de bomberos de refuerzo, y el número de bomberos aumentó a 70. Desde una grúa, bomberos con mangueras de agua intentaban sofocar las llamas.
En este enorme edificio victoriano, de ladrillo rojo y fachada blanca, el último presidente de la era del apartheid, FW de Klerk, había anunciado en febrero de 1990 el fin del régimen racista.