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Sufrió un robo violento, sanó haciendo manualidades y hoy fomenta el arte en el oeste

En plena pandemia Silvina Vargas apostó por su artística El Fuentón, en el oeste neuquino, luego de sufrir varias crisis económicas y reinventar su negocio.

La historia de Silvina Vargas y Héctor Domínguez puede ser el reflejo de muchos emprendedores y comerciantes que pese a los embates de la vida y los vaivenes económicos siempre sacan fuerzas, incluso cuando no queda mucho resto, y se las ingenian para salir adelante. Con el corazón puesto en el oeste neuquino "muchas veces olvidado y mal mirado", la pareja decidió apostar de lleno -en plena pandemia- a su artística El Fuentón, que comenzó de manera espontánea "sin querer" tiempo atrás, cuando en el negocio, ubicado en Belgrano 4400, algunos elementos de pintura y artesanías hechas por Silvina comenzaron a colarse en el local -por falta de espacio en su casa- entre los productos de bazar y limpieza que vendían.

El negocio, que nació en el oeste de Neuquén en el año 2003 como una forma de resistir las consecuencias de la crisis del 2001, comenzó ofreciendo artículos de limpieza sueltos. "Era lo más económico que había en ese momento para arrancar. Por aquellos años mi esposo manejaba un taxi y no tenía capital, solo disponía de un salón que era la casa de su mamá. De a poco fuimos agregando cada día una cosita más. Cada peso que teníamos era para el negocio. En 2008 nos agarra otra de las tantas crisis, la del petróleo, sumado a un asalto violento que sufrí en el local. Un pibe me agarró con un arma blanca y me arrinconó en el pasillo, fue horrible. Estuvimos a punto de cerrar porque yo no quería atender más, había quedado muy mal", contó Silvina en diálogo con LM Neuquén.

"Fui al médico, lo primero que te dan es medicación, tranquilizantes y decidimos seguir porque no teníamos muchas opciones. Mi marido seguía manejando el taxi y no teníamos para pagarle a una persona, no cerraban los números si no lo atendía yo. Lo que me ayudó como una terapia fueron las artesanías. Mi marido me dijo: '¿por qué no empezás a hacer algo para liberar un poco la cabeza? Algo que te guste'. A partir de ahí encontré una veta mía que yo no conocía. Me anoté en un curso de velas y cuando empezás con esto de las artesanías, te va llevando", agregó.

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La artística El Fuentón funciona en el oeste neuquino.

Con las obras de Silvina y los materiales que acopiaba en el local por falta de espacio en su casa, surgió la artística. "La gente empezó a llevarse lo que yo hacía y los elementos que encargaba a Buenos Aires y volvían pidiendo más u otras cosas. Fue muy de a poquito", advirtió la dueña del negocio El Fuentón que fue funcionando con esa mezcla de productos hasta que comenzó la pandemia de coronavirus.

"En marzo estuvimos cerrados, no se sabía que iba a pasar y cuando abrimos vendíamos muy poco porque mucha gente empezó a vender artículos de limpieza en la calle. Así que decidimos destinar los pocos pesos que teníamos para reinventarnos e invertir de lleno en la artística. Dijimos que sea lo que Dios quiera y si nos va mal nos volveremos a levantar como lo hicimos antes", recordó antes mencionar que la nueva etapa de su negocio arrancó en noviembre del año pasado.

"Yo venía vendiendo cosas de la artística también por Facebook a través de la Página Lasycosaslindas y no quisimos cambiar el nombre de El Fuentón porque la gente ya nos conocía así. Ahora funcionamos al revés que antes: como nos quedó stock de productos de limpieza, también lo ofrecemos, pero estamos abocados a la artística y conservamos lo de bazar", aclaró.

"Yo desde que arranqué hice muñequería, pintura, porcelana fría, siempre estoy capacitándome, ahora más que nada para el negocio porque me gusta tener conocimiento cuando alguien pregunta. Por suerte nos está yendo bien, tenemos mucha aceptación de la gente. Hoy la gente se acerca a una artística porque se siente re mal y quiere hacer algo para calmar un poco la cabeza. Muchos los hacen como terapia, una franja chica hace para vender, pero la mayoría hace cosas como terapia", recalcó.

"Logramos que el negocio sea un punto de venta de varias marcas y tratamos de traer cosas de calidad y novedosas. Nuestro sueño es que el oeste tenga un lugar donde se pueda encontrar opciones lindas, variadas y buenas para hacer manualidades. Muchos nos decían que tenían que irse al centro porque por acá (en el oeste) no encontraban nada de esto. Así te lo dicen: 'por acá no podía encontrar cosas lindas'".

"Y no solo tengo clientas del oeste, hay chicas que viven en la otra punta de la ciudad, de Plottier, Senillosa y que vienen por recomendación. Muchos cuando vienen se sorprenden por la cantidad de negocios que encuentran en el oeste", comentó haciendo alusión a la falta de conocimiento y los prejuicios que giran en torno a ese sector de la ciudad.

"Mi sueño es mantenernos, que esta artística sea reconocida no solo en el oeste, sino también en otros puntos de Neuquén. Yo trabajo y doy todo para que los clientes se vayan contentos, que les de gusto venir, no solo porque encontraron lo que venían a buscar, sino también por la atención personalizada", remarcó silvina.

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