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Una mujer de 37 años descubrió gracias a un recordatorio de Facebook que un lunar le había crecido más de la cuenta y, luego de hacerse los controles del caso, le diagnosticaron que tenía cáncer de piel. La chica, que tenía complejo de ser muy blanquita de piel, se había hecho aducta a las camas solares, con el fin de verse bronceada durante todo el año. Y ese fue su talón de aquiles, del que pudo salvar su vida gracias a una cirugía y a un tratamiento.
Se trata de Sharon Baggaley, quien es oriunda de Chesterfield, Inglaterra, y trabaja en un gimnasio. La mujer reveló que su relación con las camas solares empezó cuando era adolescente y tenía apenas 16 años, haciendo tres sesiones semanales. "Quería broncearme para estar bien cuando salía con mis amigas y amigos los fines de semana. Entonces, pasaba por la cama solar tres veces a la semana y, además, cuando podía, tomaba sol natural, pero sin usar protector porque yo quería mantener mi colorcito marrón dorado", contó Baggaley.
Al tiempo, la muchacha modificó su estrategia de tostado y cambió las camas solares por una cabina de bronceado, donde el usuario se dora la piel estando parado, dos veces a la semana. A pesar de que antes de los 30 años dejó de tomar cama solar, ya era tarde, como ella misma reconocer "dejé de broncearme pero, sin que lo supiera, el daño ya estaba hecho".
Hace 11 años se tomó unas vacaciones en Egipto junto a su marido y subió algunas de sus fotos a su perfil de Facebook. Estaba en bikini y quería mostrar su bronceado natural. Y este año, en febrero, la red social le recordó esa foto de 2009 y ella advirtió algo que el día a día no le había hecho llamar la atención: un lunar a la altura de su panza había cambiado considerablemente de tamaño. "Me miré en el espejo y le pedí a mi marido Craig que lo comprobara también: era cuatro veces más grande, más oscuro y tenía relieve. Y recordé que había sangrado un par de veces desde aquellas vacaciones. Yo pensaba que me había lastimado vistiéndome", contó la mujer.
Fue enseguida a ver al médico, le extirparon el lunar, le hicieron una biopsia y a los pocos días llegó la peor confirmación: tenía cáncer. Pensé que me iba a morir. La enfermera me calmó diciéndome que necesitaba más cirugía para quitar más piel de alrededor porque querían asegurarse de que lo habían sacado todo", recordó y detalló: "Tenía un melanoma en etapa uno. Si lo hubiera dejado más tiempo, habría terminado etapa dos o tres y eventualmente extendido a mis nodos linfáticos".
Ahora está libre de cáncer pero sometiéndose a constantes chequeos médico-oncológicos.
La muchacha empezó con su adicción al bronceado artificial cuando era una adolescente de 16 años y quería cambiar su color blanco de piel por uno más tostadito, para agradar más cuando salía los fines de semana con amigas y amigos. Hacía tres sesiones de cama solar por semana y luego de unos años pasó a la denominada "cabina de bronceado", donde tomaba color estando parada. Antes de los 30 dejó, pero ya era tarde.
En un momento de su vida, la mujer pasó de estar blanca a tener un tono rojizo en la piel que la hacía sentir igualmente mal. Ahí dejó de tomar sol artificial pero, como volvió a ponerse blanca, empezó a tomar sol natural, pero sin protector. Cuando supo que tenía cáncer, sintió que se derrumbaba aunque las dos operaciones que le hicieron le salvaron la vida, a pesar de que la segunda cirugía le dolió mucho. "Me inyectaron de todo pero me dolió igual. El cirujano debió cortar debajo de donde me habían sacado el lunar para limpiar los tejidos y que no queden restos de tumor".