En su discurso, Temer afirmó que asumió el Gobierno en medio de "una gran conjugación de problemas ocasionada por errores que comprometieron la gobernabilidad y la calidad de vida de nuestra gente", en obvia referencia a la gestión de la mandataria Dilma Rousseff, suspendida para responder a un juicio político.
"Hoy tenemos más de 11 millones de desempleados, la inflación bajo vigilancia, un déficit que en realidad llega a 170.000 millones de reales (unos 42.220 millones de dólares), y ese es el escenario en que asumimos el Gobierno", advirtió.
Temer dijo que no pretendía "hablar de herencias", porque busca cambiar esa idea de que "el pasado es responsable del presente", pero sí aclaró que "es necesario evitar que eventuales oportunistas" le achaquen "los errores anteriores", y destacó que tiene "la más absoluta convicción de que es posible revertir el escenario y retomar la confianza y el crecimiento".
Temer aseguró que, con sólo veinte días en el cargo, está en condiciones de "presentar al país una nueva agenda positiva de reconstrucción nacional", y negó recortes en los programas sociales.
Defendió la decisión de reducir de 31 a 24 el número de ministerios y la búsqueda de una nueva meta de déficit fiscal, que calificó de "realista".
El presidente interino insistió en que para salir de la
crisis "es preciso recuperar la confianza de los brasileños en su futuro, reencontrar el camino del crecimiento y la generación de empleos de calidad", y pidió para eso un "compromiso con la unión del país".