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Por Julieta Contreras - policiales@lmneuquen.com.ar
Una joven de Villa El Chocón juntó el coraje para denunciar a su primo, quien abusó de ella cuando era una adolescente. A pesar de que las pericias avalaron su relato, un juez dictaminó la prescripción de la causa y desestimó el caso. Ahora, el abusador no la deja vivir en paz ni a ella ni a su familia.
El abuso denunciado por María ocurrió cuando ella tenía 13 años. Su primo, siete años mayor, la desnudó, luego se desnudó él, y la obligó a tocarle sus genitales. También la manoseó. Esto sucedió en más de una ocasión, hasta que su abuela los encontró en una oportunidad. Su tía, madre del joven, no creyó el relato de la niña y los allegados a María decidieron acompañarla pero que no denunciara para no afectar la relación familiar.
A María los episodios vividos la marcaron y le resultaron un obstáculo a la hora de intentar relacionarse con otras personas, ya de grande. Sin embargo, hizo lo posible por seguir adelante. Su resolución se quebró una vez que su abuela murió. Su dolor seguía en carne viva y decidió denunciar a su abusador en 2019, a sus 23 años.
Aunque las pericias psicológicas avalaron su relato, un juez consideró que la causa había prescripto y archivó el caso, en diciembre del año pasado. A pesar de que la víctima y su familia entendieron que ya no había más por hacer, ese fue sólo el comienzo de sus problemas. Según contó su madre en diálogo con LM Neuquén, el abusador se dedica desde entonces a hacerles la vida imposible. "No podemos salir a ningún lado", aseguró.
El joven los ha seguido por la calle, se les ha reído en la cara e incluso los ha denunciado ante la Policía por disturbios en público, que jamás ocurrieron. "Ya no sabemos qué hacer, me da pánico verlo. Empecé a ver a una psicóloga por esto, mi marido también ha sufrido picos de presión", expresó la mujer. Sin mediar violencia ni amenazas, asegura que el joven se encarga de que no puedan vivir en paz.
La madre de María explicó que el hombre es empleado municipal de Tránsito, por lo que "se maneja con total impunidad". "Hemos pedido ayuda a autoridades municipales, pero nadie nos da una respuesta", manifestó. Incluso, contó que suele pasearse en la camioneta de su trabajo frente a la casa de la familia, como marcando territorio.
Por su parte, María, quien intenta rehacer su vida, se lo debe cruzar con frecuencia, dado que a pesar de no compartir tareas, también trabaja para el municipio. "Si la ve con otras personas es peor, busca la manera de que queden enredados en algo", contó la mujer.
Debido al amedrentamiento vivido, la familia ya radicó tres denuncias, pero aún así el hombre se las rebusca para recordarles que logró salirse con la suya.
Los abusos sufridos por la joven habrían sucedido en al menos tres oportunidades, en un cuarto de huéspedes de la casa de su abuela, allá por el 2009. María en ese entonces era una niña de 13 años, que quedó a merced de las acciones de su primo, un joven siete años mayor que ella. Los abusos cometidos fueron calificados como abuso sexual simple, un delito reprimido con pena de seis meses a cuatro años de prisión efectiva. Pese a las pruebas, un juez consideró que el tiempo transcurrido excedía el plazo legal y cajoneó el caso, tal como contó la mamá de la víctima.
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