Estados unidos.- Steven Hanes fue diagnosticado de una atrofia en el testículo derecho, lo que inevitablemente lo llevó al quirófano: había que extirpárselo. Pero, a la inversa del refrán, en este caso “hay mal que por mal viene”, porque al término de la cirugía el hombre se enteró de que el médico se había equivocado y le sacó el testículo izquierdo, que estaba sano.
Este error tan insólito como grave le afectó la vida de Hanes (la operación fue en 2013) y lo llevó a accionar judicialmente contra el hospital donde fue la intervención, J.C. Blair Memorial de Pensilvania, y contra el médico que lo operó, Spencer Long, en ambos casos por “negligencia médica”.
Ahora, a cuatro años de aquel tremendo momento que le tocó sufrir, la Justicia norteamericana falló a su favor y Hanes recibirá como compensación la suma de 870.000 dólares en concepto de indemnización y 250.000 por daños punitivos, de acuerdo con lo que informó Braden Lepisto, abogado de la víctima.
“La condición en la que quedó mi cliente lo afectó de forma significativa”, comentó el abogado, quien agregó que “aunque algunos puedan verlo como algo cómico, el dinero que recibe es justificado en función de las evidencias y el costo que debió pagar”.
¿Qué pasó en aquel quirófano para que se cometa semejante error? Al día de hoy no se puede entender. Según el abogado, el médico dio explicaciones sin ningún sentido: “Afirmó que había quitado el testículo que estaba en el lado derecho del escroto y que el testículo tenía un cordón espermático que conducía al lado izquierdo del cuerpo; o sea que los testículos solos habían cambiado de lado”.
Los casos en los que los doctores operan la parte incorrecta del cuerpo se dan en contadas ocasiones. Un estudio realizado en 2006, impulsado por la Agencia de Investigación y Calidad de la Salud de los Estados Unidos, analizó casi tres millones de operaciones realizadas a lo largo de dos décadas. Solo se encontró un caso cada 112.994 intervenciones en las que se había realizado una cirugía en el lugar incorrecto. Igualmente, cada tanto, siguen sucediendo.
Una razón para eludir otra cirugía es que, si le sacan el testículo que le quedó, debe hacer una terapia de reemplazo de testosterona de por vida.
2013 fue el año en que lo operaron del testículo.
Luego de ser operado, el paciente inició acciones legales contra el hospital donde fue la intervención y contra el cirujano, quien -según el centro asistencial- ya no trabaja más ahí.
“Mi cliente sigue sufriendo dolor en el testículo derecho, el que debió ser extirpado en su momento. Pero no quiere volver a operarse porque, lógicamente, tiene miedo”.Braden Lepisto. Abogado de Steven Hanes, la víctima