Con paciencia y un trabajo constante, entusiastas colaboradores siguen restaurando el viejo avión de la ex empresa Transporte Aéreos Neuquén (TAN), luego de rescatarlo de una chacarita donde estaba a la venta como chatarra. El objetivo no es que la aeronave vuelva a volar, sino que quede como recuerdo de la ex línea aérea en un monumento.
Según relató Diego Wonham, uno de los impulsores del proyecto, una vez que el Turbocommander Collón Cura fue trasladado a los hangares del aeropuerto, se le hizo una evaluación exhaustiva y se elaboró el plan de trabajo con tiempos estimados para cada labor. Dijo que se le colocó un sistema de rodaje improvisado para permitir el movimiento interno en los hangares, se rearmó la cola y se repararon ambos elevadores, que se dejaron funcionando manualmente.
También hubo que trabajar intensamente en dejar al avión más liviano, retirando todo el material pesado que no fuera necesario, para no sobrecargar la estructura sobre la que finalmente posará.
El ingeniero Pablo Rubilar, paracaidista y titular de la empresa Ingesud, es quien va a trabajar en el cálculo para la estructura interior y el pie del avión. Además del peso de la aeronave, la estructura tiene más de 13 metros de largo y casi 15 de ancho para soportar el peso del Collón Cura y la fuerza del viento. "Es un trabajo muy complejo y un desafío profesional importante. Muchos otros profesionales contactados desistieron del desafío. Llegamos a él gracias a la arquitecta Romina Pérez", dijo Wonham.
El equipo de colaboradores que quiere volver a darle vida al Turbocommander es variado. Marcelo y Alejandro Brevis están trabajando en la realización de los vidriados con policarbonato con el objetivo de que queden como los originales. "Solo tuvimos que pagar el material porque ellos donaron sus honorarios. Estamos muy agradecidos", indicó.
El objetivo final es que el proyecto quede terminado antes de fin de año, aunque lo ideal sería que estuviera listo para el 12 de septiembre, fecha del aniversario de la ciudad. "No sé si llegaremos. Pero estamos haciendo todo lo posible", dijo Wonham, quien además indicó que tienen pensado invitar al intendente Mariano Gaido para que vea cómo avanza el proyecto.
Además de las personas que ya se encuentran trabajando, los organizadores se contactaron con directivos de la EPET 14 para que los estudiantes avanzados ayuden en la compleja tarea de reparar el avión. Esperan que los chicos puedan comenzar cuanto antes.
También se solicitó ayuda económica a la Legislatura de Neuquén para poder comprar todo lo que haga falta para la restauración. Si bien hay muchas piezas que ya están, hay otras que es necesario reconstruir, además de adquirir algunas herramientas o accesorios para realizar el trabajo.
"Quiero agradecer públicamente al personal de todas las organizaciones del aeropuerto. Todos desde sus lugares nos ayudan en cada cosa que necesitamos. Especialmente a Andrés García, de la empresa Dolores Parra, que trasladó sin costo alguno el avión, a Alfredo Hoyos del club de Planeadores, al jefe de la división de aviación de la Policía de la provincia de Neuquén, Carlos Bruna Bertoni; y al jefe de la PSA, Ariel Veiga", dijo Wonham.
El Turbocommander Collón Cura es uno de los tres aviones que compró Transportes Aéreos Neuquén en 1977.
Un grupo de seis pilotos neuquinos partió a mediados de 1977 rumbo a Estados Unidos para traer las tres aeronaves, que se habían fabricado en la fábrica Rockwell, en Oklahoma.
Alfredo Pujante, Aldo Mástice, Jorge Pereyra, Néstor Tarruella, Miguel Tiemroth y Oscar Reguera fueron los encargados de trasladar las nuevas aeronaves con destino a Neuquén. José Talachia y Jorge Mussi los acompañaron como mecánicos. Fue una extensa aventura aérea, teniendo en cuenta que hubo que hacer varias escalas en países latinoamericanos hasta llegar finalmente a la provincia.
Más allá de las matrículas correspondientes (LV-MAW, LV-MAU y LV-MAV), los tres aviones fueron bautizados Collón Cura, Aluminé y Nahueve, para darles una impronta local a través de los nombres de ríos neuquinos.
A lo largo de los años, las modernas aeronaves surcaron cielos locales y foráneos cumpliendo todo tipo de servicios, aunque los más importantes fueron los que trasladaban a pacientes que requerían asistencia médica que no había en sus lugares de residencia, o llegando a lugares del interior ante problemas climáticos o emergencias.
Dos viejos pilotos de la ex empresa Transportes Aéreos Neuquén fueron invitados al hangar donde se realizan los trabajos de restauración del Turbocommander Collón Cura. Diego Cimolai (82) y Jorge Pereyra (77) vieron cómo de a poco se está transformando el avión que volaron durante tantos años.
"Me gusta que sea recordada la empresa, aunque todavía me da bronca por la forma en que terminó", reconoció Pereyra, el único sobreviviente de aquellos seis pilotos que fueron a buscar los tres aviones a Estados Unidos. En ese largo viaje, él piloteó junto a Oscar Reguera, quien siete años después se mató en un accidente mientras realizaba un vuelo sanitario con el avión Nahueve.
Pereyra dijo que fue una etapa hermosa por el gran equipo de trabajo que se había formado alrededor de TAN.
"Me pasé la vida volando; hicimos de todo con esos aviones", recordó.
De los tres aeronaves que fueron a buscar a Estados Unidos, una sola fue la que tuvo mejor suerte y siguió volando hasta hace poco.
El Colón Cura espera la restauración, no para surcar los cielos como antes, sino como un testimonio o un recordatorio de aquella empresa neuquina.
Cada una de las alas tenía un peso de 400 kilos. El objetivo es tratar de que el avión quede lo más liviano posible para poder montarlo arriba de una estructura sin problemas.