Ailín Trepiana
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La desaparición de Florencia Pennacchi es todavía una incógnita en los expedientes judiciales. Aunque para su familia y amigas hay pistas concretas que indican que fue captada por una red de trata, no pasa un solo día en que no se pregunten qué pasó con ella desde el 16 de marzo de 2005. Tienen certezas pero también incertidumbres. A 13 años de su desaparición, Florencia todavía es una herida abierta y sus amigas le contaron a LM Neuquén cómo la recuerdan hoy.
“Florencia para mí es amistad”, definió sintéticamente María Lilén Argat, dos años menor que Florencia. Su vínculo sanguíneo las une como primas, pero también se criaron como amigas. Durante varios años vivieron en el mismo edificio en Neuquén, compartieron la escuela, las reuniones familiares, los amigos. Se prestaban ropa e intercambiaban papeles de carta.
“Siempre estaba rodeada de muchos amigos. Ella en su casa siempre tenía cepillos de dientes para todos los que se quedaban a dormir”, recordó Lilén.
También rememora esas tardes en las que jugaban a disfrazarse con la ropa de la mamá de Florencia, en una chacra que tenían cerca de Plottier.
Por su parte, Silvina Bergmann compartió con Florencia toda la escuela primaria y casi todo el secundario en el colegio Jean Piaget. Los recuerdos, anécdotas y risas son infinitas.
“Flor nunca se llevó una materia en todo el secundario y era de quedarse toda la noche anterior con las que nos habíamos llevado materias, haciéndonos el aguante, preparando el mate”, contó.
“Siempre fue una chica muy comprometida desde lo social, en la parte humana, en la parte vincular de cómo está la otra persona”, aseguró. Silvina recordó que, cuando llegaba Semana Santa, Florencia compraba una caja grande de bombones para regalarle a cada uno de sus amigos.
Su prima aseguró que era imposible que Florencia escondiera algo o haya algo oculto vinculado con su desaparición, ya que era alguien que contaba siempre todo lo que hacía. "A trece años quiero pensar que ese día Florencia dejó de vivir, no que pasó trece años torturada, explotada, violada. La idea de que está viva también es reparador, pero hay que pensar qué pasó con ella, qué cosas atravesó. A las personas no se las traga la tierra ni se las lleva el viento", sentenció, con dureza, Lilén.
A pesar de las situaciones aberrantes que sus amigas saben que sufrió Florencia a lo largo de estos años, no dejan de recordarla con alegría. Como la compinche que cebó esos mates de madrugada, como esa estudiante prolija que subrayaba cada título con color, como esa chica que prestaba la ropa con la condición de lavarla ella misma, como aquella a la que no le bastaba un simple “bien” como respuesta sino que escuchaba atentamente cómo estaba la otra persona.
Hoy, Florencia, esa amiga y compañera alegre, sigue estando presente más que nunca.