Todos los seres humanos en algún momento experimentamos dolor físico y emocional. El dolor es una parte inevitable de la vida y hay tres tipos, o fuentes, de dolor que quiero invitarte a conocer:
Primera fuente de dolor
Hay dolores que uno hereda. Muchas personas, por ejemplo, nacen con una enfermedad hereditaria, sin que tengan ninguna responsabilidad al respecto. Ellas no hicieron nada para enfermarse pero heredaron la misma enfermedad que sus padres o abuelos. Algunos heredan la pobreza o el estado mental de su familia. Otros nacen en un hogar donde todo es un gran conflicto. Es decir, que hay dolores que vienen desde el vientre de nuestra madre. Pero la buena noticia es que, independientemente de lo que nos haya tocado vivir, siempre podemos revertir lo negativo y escribir una nueva historia. Nadie tiene por qué cargar con problemas heredados toda la vida. Las buenas decisiones y las buenas acciones tienen el poder de transformar nuestras circunstancias.
Segunda fuente de dolor
Así como hay dolores que heredamos, también hay dolores que otros nos provocan. Cuando alguien sufre un robo violento, por ejemplo, suele quedar atado al miedo, la hipervigilancia y el trauma. Lo mismo sucede con un accidente de tránsito, una estafa, o el maltrato físico y verbal. Esta clase de dolor no se hereda, se sufre en carne propia. La persona no es responsable pero está bajo el dolor que otros causaron en su vida. Por eso, aquí es fundamental buscar ayuda profesional para enfrentarlo y superarlo.
Todas las experiencias negativas que vivimos, que nos marcan a veces para siempre, una vez procesadas de manera correcta pueden servirnos para aprender, crecer, madurar y avanzar. Por duro que sea, todo dolor puede ser transformado en una oportunidad para ayudar a otros en la misma situación.
Tercera fuente de dolor
Todos atravesamos dolores que surgen por nuestra propia decisión. Lo queramos o no, las malas decisiones tienen consecuencias negativas. Son dolores que nos generamos nosotros mismos. Pero lo cierto es que de nada sirve torturarnos toda la vida por los errores cometidos. La mejor actitud, cuando tomamos una decisión equivocada que nos provoca dolor, es reparar el hecho si es posible, pedir perdón a quien corresponda y, sobre todo, perdonarnos a nosotros mismos
¿Cómo borramos las malas decisiones que nos trajeron dolor?
Accionando. Es decir, haciendo algo. Necesitamos un tiempo para recuperarnos pero no sirve de nada pasar toda la vida lamentándonos y sintiendo culpa. Tiene que haber un momento en el que digamos: “Ya está, ahora paso a la acción y me muevo porque la vida continúa”. La mejor forma de reparar el dolor que uno mismo provoca es a través de la acción.
De ninguna manera es nuestra intención minimizar el dolor de nadie aquí, pues sólo el que lo sufre sabe lo que significa. Pero sea cual sea el origen de tu dolor, te animo a pensar, si no lo has hecho hasta ahora, que siempre hay una salida y nuevas oportunidades esperando por vos. ¡Nunca te des por vencido!
Si tenés alguna inquietud,
podés escribirme a bernardoresponde@gmail.com