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Tres semanas pueden ser una eternidad en febrero, mucho más en el inicio de un ciclo lectivo que promete ser el más parecido a antes de la pandemia. El gobierno neuquino apura a los gremios a empezar las clases, con el modo de presencialidad plena, sin burbujas y con la eliminación de barbijos en la franja de alumnos de 3, 4 y 5 años, más allá de que se conserva parte del protocolo de prevención del COVID.
Claro está que antes se deberán sortear los sueldos de los docentes que, de acuerdo con lo que dejó trascender ATEN en la primera reunión paritaria, no pedirán menos que el 50%, el piso más bajo de todos los pronósticos de la inflación en el país.
Pero las clases tienen también otra pata sindical: la de ATE y los auxiliares de servicios, que ya anunciaron que podrían jaquear la negociación en la próxima mesa -programada para el 17 de febrero- si la propuesta salarial del Gobierno no es retroactiva al 1° de enero. ¿Habrá arreglo con los docentes y las clases no comenzarán con un paro de ATE o viceversa? Más allá de esta especulación en tres semanas, la situación epidemiológica da a entender que en 20 días el panorama no cambiará demasiado.
Los casos activos de coronavirus han bajado casi a la mitad en 15 días y la ocupación de camas de terapia intensiva (el indicador que más preocupa a las autoridades sanitarias) bajó 10 puntos porcentuales en 48 horas.
Salvo un excepcional rebrote del virus o la aparición de alguna variante, para el gobierno neuquino están dadas las condiciones para una presencialidad plena con aún más de 50 escuelas por arreglar y una discusión salarial donde los gremios -aprovechando la bonanza temporal de los recursos de Vaca Muerta- pedirán una recomposición notable.