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Un hombre nuevo

Don Vilanova presentará su nuevo disco, "Don Vilanova y sus secuaces", hoy a las 21 en Teatro del Viento. El blusero será precedido por The Jackpots.

Neuquén > Miguel Vilanova solía ser Botafogo hasta no hace mucho tiempo. Ese apodo que lo acompañó a lo largo de su carrera, se lo había dado el querido Norberto “Pappo” Napolitano, cuando lo hizo debutar en primera fila a los 17 años. Y si bien desde 2008 decidió rebautizarse Don Vilanova, no es sólo el nombre lo que ha cambiado para el guitarrista, sino fundamentalmente la decisión de “qué hombre quería ser”. Esos cambios se vieron reflejados en el disco que anunciaba la transformación, “Adiós Botafogo. Bienvenido Don Vilanova” (2008). Y ahora se ven profundizados en “Don Vilanova y sus secuaces”, su reciente trabajo solista de 16 canciones que grabó junto a reconocidas bandas y músicos amigos como Celeste Carballo, La Mississippi, Ciro Fogliatta, Pier y Emmanuel Horvilleur, entre otros.  Allí, el guitarrista se convierte en un “invitado en mis propios temas”, tal cual describió.
Presentado oficialmente en La trastienda de Buenos Aires, parte de este material sonará hoy, a las 21, en Teatro del Viento (Juan B. Justo 648), ocasión en la que el blusero hará una nueva parada en esta ciudad. En formato acústico, Don Vilanova vendrá armado con su guitarra Dobro  para ofrecer un show “ecléctico, medio cambalachero. Es como una melange de cosas bluseras que me gusta mostrar, intercalando comentarios y anécdotas”, según adelantó.
Al otro lado del teléfono y mientras reparte su tiempo entre alumno y alumno, Don Vilanova se dipuso a hablar sobre la nueva producción que le llevó casi un año y medio. Entre otras cosas se refirió, además,  a la nueva etapa que comenzó con su cambio de nombre y despachó algunas impresiones sobre un país que descuida a sus artistas.
 
¿Como nació “Don Vilanova y sus secuaces”?
Siempre me gusto la idea de “Fulano de tal y amigos”. De hecho hace bastante tiempo hice uno que tuve como invitado a Walter Malosetti y al Chango Spasiuk. Pero en este caso la idea era invitar a las bandas completas. Y la verdad que salió hermoso. Todos fueron muy generosos conmigo e hicieron interpretaciones brillantes. La condición era la libertad absoluta ante todo. Arreglarlo, desarreglarlo, que cada uno lo interpretara con la magia y la química de la banda. Y yo me inserté como un invitado tocando mis propios temas. Y cuando dijimos ‘bueno señores, terminamos’, al escuchar lo que todos estos amigos me estaban regalando, fue sensacional.
 
¿Los temas quedaron muy distintos  a los originales?
En algunos casos sí. Reggae Rockers, por ejemplo, haciendo honor a su gusto musical, de un blues hicieron un reggae. A Celeste Carballo le di un tema y ella lo transformó íntegramente. Era como una baladita medio jazzera y la hizo una cosa rockera. Incluso tocó la batería, que pocos lo saben. En otros casos no hubo muchos cambios, pero interpretaron de manera brillante. Fue el caso de La Mississippi o Blues Motel. Y bueno, las intervenciones de Fogliatta son mágicas, como siempre.
 
¿Y cómo se insertaron las guitarras?
Cada uno fue a grabar como si fuera un tema de ellos, y después yo me insertaba. En realidad iba a ver con qué me encontraba, y en la mayoría de los casos tuve que recrear o reinventar mis propias partes. Así que me di lugar para la improvisación. Tuve muchos espacios para eso.
 
En “Blues en la radio”, corte de difusión, se nombra a Pappo y otros.  ¿Fue un gesto nostálgico?
Obviamente soy nostálgico. Pero también tiene que ver con esto de la revalorización de un estilo musical que es la simiente de todo lo que hoy escuchamos. El tema es un ruego a que las radios difundan más el blues como respeto a una música que inclusive es tan nuestra como todas las demás. Acá se hizo blues desde los '40, cuando Oscar Alemán tocaba. Él tuvo discípulos como Walter Malosetti o como Claudio Dávila de Manal. Y sin embargo está ahí, como relegado.
 
¿Por qué cree  que pasa?
Es lo que nos toca vivir, es nuestra realidad. Argentina siempre fue así. El planeta entero hablaba de (Astor) Piazzola y acá los tangueros decían “es un hijo de p…, es una mier…, eso no es tango”. “¿Nino Saluzzi?… ¿qué es esa porquería?”, dicen los folkloristas, y en Europa lo adoran. A Pappo, B.B. King se lo llevó a tocar al Madison Square Garden. Y acá quedó tirado en la ruta sin un contrato. ¡¡Las empresas discográficas no tenían contratado a Pappo!!
 
Ve una desvalorización de los artistas...
El otro día los senadores tendrían que haber sesionado sobre la Ley de la música, que dicho sea de paso no estaba de acuerdo en lo absoluto. Pero tenían una discusión con los músicos y se levanto la sesión. En el diario decía que fue por no haber temas de interés. Es decir que para los senadores, lo músicos, sus conflictos y sus proyectos carecen de interés. Al señor Monsanto que está haciendo que desmontemos cuanto campo haya para plantar soja -que se sabe en todo el mundo que deja las tierras quemadas-, lo protejen. Y a la música que es para un sembradío del alma, se la trata de hundir.
 
En 2008 dejó atrás a Botafogo. ¿Qué cambios le trajo?
Un lío bárbaro, porque la gente no sabe si llamarme Botafogo o Don Vilanova. Pero para mis adentros, sé bien qué quiere decir. Para mí se cerró una etapa en muchos aspectos y nació una época distinta. Pagué el precio de la confusión y cómo de arrancar de nuevo. Pero es algo que uno tiene que estar dispuesto a hacer para poder generar otras cosas.
 
Fue un quiebre…
Coincidió con mis cincuenta y pico, ésta época en la que el hombre decide si va a seguir siendo un adolescente perpetuo con un destino de viejo verde, posiblemente (ríe), o el destino de un viejo sabio. No sé si voy a ser sabio, pero quizás sea como un despegue distinto. Por esa época  hice “Adiós Botafogo, bienvenido Don Vilanova”, un poco copiando aquella idea de Pappo cuando hizo un (estadio) Obras que se llamo “Adiós Pappo´s blues, bienvenido Riff”. Y la verdad que en ese disco, si antes tenía vergüenza de tocar ciertos temas, no la tuve más y hablé de lo que realmente quería hablar: la religión, la espiritualizad, la alimentación,  el mundo interior. Incluso temas sociales. El disco acompañó a esa intención de ser un nuevo hombre, y en este nuevo se confirma. De una forma mas lujosa, porque están todos mis amigos tocando para mí.
 
¿Por dónde va ese hombre nuevo?
A veces digo que hago blues tipo Claudio María Domínguez, blues de autoayuda –lanza una carcajada-. Realmente muchos temas míos, la gente no lo sabe, pero son afirmaciones. Me digo a mí mismo en las canciones y las pongo en primera persona para que aquel que las diga se afecte a sí mismo. Las afirmaciones son cosas que trabajan en nuestra mente... Estamos condenados a sufrir la cosa externa todo el tiempo, por el miedo que tenemos a mirar hacia adentro. Y yo quiero aportar un granito de arena a favor de otra cosa, ni siquiera en contra de eso.
 
La docencia tiene esa virtud
Sí, pero además funciona doblemente. Realmente aprendo a ser maestro con mis alumnos y ellos aprenden a ser sus propios maestro gracias a mí. Se crea un efecto de cóncavo y convexo, donde uno está determinado por lo otro y no pueden estar separados. Todo aquel que pretenda enseñar, tiene que estar dispuesto a aprender. (Ángeles Nieto).

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