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Por FABIAN CARES - Especial
Dice que nació “dos veces”, una en la vida y otra en el documento. Figura un 29 de mayo de 1932, pero él sostiene que la fecha real fue mucho tiempo antes. Nació en el paraje Agua Hedionda, unos 4 kilómetros al sur de Taquimilán.
La historia de los pueblos en el norte neuquino se escribió con las manos llenas de esfuerzo y trabajo. Las palas fueron la herramienta fundamental, pero sin olvidar el legado ancestral de la vida criancera. Ese es el sello indeleble de la identidad de los habitantes de la región. Es el caso de don Teodosio del Carmen Jara, uno de los primeros pobladores y trabajadores municipales de esta localidad enclavada a los pies del mítico cerro Naunauco. Fue empleado municipal pero antes que nada fue criancero, heredando el honrado oficio de sus padres, Esteban y Agustina. A este hombre la historia local también lo sindica como uno de los primeros pobladores que “hicieron patria” en el lugar. De aquellos hombres y mujeres que se atrevieron a desafiar al destino y con empeño y tesón se embarcaron en la idea de formar y conformar un pueblo, que justamente este 30 de mayo cumplió sus primeros 51 años de vida institucional.
“Nací en el paraje Agua Hedionda, unos cuatro kilómetros al sur del pueblo”, cuenta Teodosio. Relata también que él es uno de los seis hijos que sus padres de origen chileno les entregaron a estas tierras del norte neuquino. Sus hermanos Álvaro, Segundo, Ángel Custodio y Efraín aún lo acompañan y hace unos años les tocó despedir de este mundo a Margarita, su única hermana.
Teodosio fue quemando las primeras etapas de su vida como criancero en el puesto de sus padres. Los arreos de animales fueron parte de su vida muchos años donde en travesías de 8 a 9 días unían su invernada en Aguas del Guacho con la veranada en el paraje Picunleo, orillando la frontera con Chile.
La pala, su herramienta
En sus manos curtidas se esconden los secretos de sacrificados trabajos que emprendieron para construir un pueblo donde no sobraba nada y faltaba de todo. En la mirada de sus ojos se reflejan aquellos momentos difíciles y también las muchas alegrías que le dio la vida. Entre ellas, haber sido uno de los primeros empleados municipales cuando recién había sido creada la entonces comisión de fomento en el año 1969. “Yo fui un peón de pala”, dice. Y agrega: “En aquellos días trabajábamos de sol a sol. Limpiábamos las acequias y canales a pura pala nomás. Era muy sacrificado”. También su esfuerzo quedó replicado en la plantación de árboles, en la construcción de alcantarillas y pequeños puentes peatonales y vehiculares, como también en varias obras públicas.
Vi muchas veces el pueblo fantasma, de un lado y del otro. Había casas blancas con puertas y ventanas
Teodosio formó parte del primer grupo de empleados municipales junto con sus entrañables compañeros que hoy ya no están físicamente pero que permanecen en su corazón y en sus recuerdos. Ellos fueron Roque Sandoval, Juan del Carmen Narambuena y José María Chamlat. Teodosio, al igual que sus compañeros, ostenta el alto honor de tener una calle con su nombre en el pueblo. “Forman parte del patrimonio humano que supo hacer grande a Taquimilán”, fue el fundamento esencial de estos reconocimientos.
El pueblo se conformó oficialmente en el año 1969 a partir de la creación de la primera comisión de fomento, y entre esos hombres impulsores de los primeros arraigos de progreso Teodosio recordó a Julio Tapia. También tuvo elogiosas palabras para con sus compañeros de trabajo Alejandro Montesino (chofer) y un conocido albañil llamado Luis “Palote” Ávila. Finalmente, Taquimilán se conforma en 1991 como municipalidad de tercera categoría.
La familia, el sostén
La postal clásica de Teodosio era y es verlo vestido bien de gaucho con su infaltable sombrero, que siempre lo acompaña. Su eterno medio de movilidad fue un caballo. A los 25 años se casó con el gran amor de su vida, Irma Lina Oñate. Sus hijos son Félix, Aurora, Amada, Martina, Celso, Rusia, Nélida, Nicomedes y Lorena.
Hoy es viudo y vive en una chacra que tiene en Taquimilán Abajo y pasa sus días junto a su hija menor y sus dos pequeños nietos Maicol y Dayana. Con esfuerzo produce algunas hortalizas. Tiene 18 nietos y 5 bisnietos. Todos orgullosos del carisma y la fortaleza de don Teodosio.
Pudo ver al pueblo fantasma
Teodosio, además de formar parte de la cuna fundadora de Taquimilán, fue también uno de los primeros que comenzó a hablar del mítico “pueblo fantasma” que supo distinguir a la localidad. “Lo vi muchas veces, de un lado y del otro. Había casas blancas con puertas y ventanas. Nunca vi gente”, asegura. Al mismo tiempo, relata sus andanzas con un carro con bueyes en aquellos tiempos que había que salir a buscar leña para calefaccionarse. “Tenía tres bueyes, los nombres que les había puesto a mis nobles animales eran Tengo, Esperanza y Fortuna. Siempre cuando salía formaba la yunta con Tengo y alguno de los otros dos. Pobre Tengo, era el que más trabajaba”, cuenta con una sonrisa.
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