Gaza.- En la golpeada Gaza, donde la pobreza es frecuente y en los hospitales se respira incomodidad, hay un joven que pese a todo cree en la terapia de la sonrisa. Se llama Abdallah Abushaban, tiene 23 años y acaba de graduarse en periodismo, aunque a causa de la desocupación galopante se adapta a realizar tareas ocasionales. Se lo puede encontrar en los pasillos del hospital Rantisi “armado” de una armónica, un paraguas, globos colorados y un silbato: lo necesario para arrancarles una sonrisa a los niños enfermos.
Su objetivo es ser un payaso profesional, pero en la Franja de Gaza nadie sabe enseñar ese oficio. Entonces, Abdallah se puso la mochila y, sin hacer correr demasiado la voz, cruzó a Israel para encontrar a los colegas que, como él, hacen reír a los niños enfermos graves, aun cuando las condiciones no se comparan con las de Gaza. “Sólo mis familiares sabían de mi misión en Israel”, contó. “Todos los otros pensaban que había ido por controles médicos periódicos”, añadió.
De niño Abdallah también fue internado en un hospital de Israel por un tumor en el pecho que le impedía respirar. Lo operaron, lo curaron y recuperó el gusto por la vida. Sobre aquella internación, contó que “un día entró en mi habitación un señor que se comportaba de modo raro que decía cosas incomprensibles. La primera sensación fue de miedo. Estaba seguro de que era un loco que se había ido de su sección del hospital”, recuerda. Pero era un clown del centro médico Tel ha-Shomer con el cual Abdallah tuvo una gran empatía.
Desde ese momento comprendió que quería imitarlo, pero no sabía cómo. En los meses pasados Abushaban aprendió que llevar trajes vistosos, ponerse una nariz roja postiza y hacer ruido con la armónica no es suficiente. Es necesario improvisar, hacer volar la fantasía de los pequeños pacientes, a menudo débiles, como él a los 11 años. Y así, durante dos semanas fue huésped del hospital Hadassah de Jerusalén, donde pudo seguir el trabajo de un colega. Para asegurarle el permiso de estadía en Israel, se movilizó también la oficina de coordinación entre israelíes y palestinos. Al regresar fue interrogado por los servicios de seguridad de Hamas, que quisieron profundizar la naturaleza de las relaciones con los payasos israelíes.
Ahora Abushaban parece más determinado que nunca a seguir el camino profesional, tal vez haciendo cursos de especialización en el exterior. Pero al mismo tiempo es escéptico sobre que en Gaza pueda recibir un salario que mantenga a un “terapista de la sonrisa”.
23 años tiene Abdallah, quien sueña con ser profesional.
Ya está recibido de periodista pero no encuentra dónde terminar de formarse como clown. A los 11 años estuvo internado en un hospital israelí donde lo operaron y le extirparon un tumor.