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Por Laura Hevia
La guardia de emergencias del hospital Castro Rendón no se detiene nunca. El movimiento es incesante en el hospital más grande y complejo que tiene la provincia y al que llegan enfermos y heridos de toda la ciudad o derivados de otras localidades.
Desde septiembre de 2014 a octubre de este año, pasaron por allí 73.423 personas, una cifra que equivale a la suma de la población de Zapala, Cutral Co y Plaza Huincul. El 63 por ciento fueron adultos y el 37 restante, niños. De esos casos, en ambulancia llegaron unas 2.500 personas heridas o con dolencias urgentes.
El equipo de la guardia de adultos está formado por médicos, enfermeros, mucamos, camilleros y personal de estadísticas que realizan turnos de 12 ó 24 horas corridas. Además, se trabaja con especialistas, como cardiólogos, traumatólogos o laboratoristas.
Por turno, dos doctores se encargan de la "demanda espontánea", de los que arriban por ventanilla, y otros dos del shock room adonde van los más graves. En caso de que los pacientes superen la capacidad, los cuatro atienden los casos graves.
"Estamos con cinco, seis o hasta diez pacientes a la vez y vamos atendiendo. Viene gente de todos lados y todos quieren que los atiendan. También nos pasa que vienen de Cipolletti, Roca, Centenario y Plottier que no les corresponde. Ahí es cuando muchas veces se enojan o no entienden que esto es una guardia de emergencias", comentó Gilda Casagrande, jefa de Emergencias.
Cada tanto, el personal se toma un descanso para comer algo o tomar unos mates y, en ese momento, también aprovechan para repasar los casos que atendieron o llenar los informes.
Para la demanda espontánea hay cuatro consultorios. La atención se califica de acuerdo a la gravedad en verde -que son los que pueden esperar-, amarillo –que deben atenderse en el lapso de una hora- y rojo, los que necesitan atención inmediata.
Además, hay siete boxes de observación con camillas y tres shock room equipados con la mejor tecnología para la atención de casos graves.
Al ser el hospital de mayor complejidad, en caso de que ocurra un accidente con muchas víctimas, el Castro Rendón está preparado para cerrar la atención espontánea y utilizar las instalaciones sólo para emergencias.
Nos encanta atender a los pacientes, a la gente que está enferma, al que le pasa algo y que le podemos solucionar un problema
El personal está acostumbrado a lidiar con situaciones de lo más variadas. Desde resfriados hasta baleados o apuñalados. Cuando se puede, conversan con los pacientes, como pasó con el joven taxista que llegó tras un accidente y que mientras le suturaban la nariz comentaba que hace dos semanas estaba de novio y que quería que le manden un mensaje a la chica para que no se preocupara.
"Nos encanta atender a los pacientes, a la gente que está enferma, al que le pasa algo y que le podemos solucionar un problema. Si te duele algo, te damos algo para el dolor o para que te sientas mejor", expresó Casagrande.
También tienen que enfrentar realidades familiares complejas -como cuando los hijos quieren pasar a ver a un padre internado, pero no quieren que lo haga su actual pareja-, o con las tensiones que se generan cuando quieren conocer con rapidez el estado de la persona que está internada.
"A veces nos olvidamos un poco de la familia porque estamos mucho con el paciente y después el secretario nos viene a avisar. Por ahí pasa una hora o dos horas y quieren un nuevo informe, pero nosotros estamos atendiendo a todos los pacientes", relató la médica.
"También tenemos situaciones de violencia, especialmente con los familiares", concluyó Casagrande.