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La semana pasada, JoAnn Cunningham compareció ante la Justicia de Illinois por el brutal crimen de su hijo Andrew “AJ” Freund, de cinco años. La mujer lo golpeó hasta dejarlo inconciente y luego dejó que se ahogara con su sangre, encerrado en su habitación. El asesinato ocurrió en abril de 2019 y reveló una vida tan corta como llena de tormentos para el pequeño “AJ”.
Después del crimen, junto a su marido Andrew Freund lo enterraron cerca de su casa y luego lo denunciaron como desaparecido. Pero la falta de cooperación de la pareja en la búsqueda llamó la atención de los investigadores: pronto pasaron a ser considerados sospechosos y luego culpables. Cuando la Policía investigó la casa de la familia, llena de basura y con olor a heces de perros, descubrieron con horror que en la puerta de la habitación del nene y su ventana había varios cerrojos y candados, para encerrarlo durante horas.
Al revisar los teléfonos de la pareja encontraron un video grabado semanas antes del crimen en el que se veía al nene desnudo sobre un colchón, con el cuerpo cubierto de moretones y vendas. Poco después, Freund los condujo al lugar donde habían enterrado a “AJ”, en una zona boscosa cerca de su casa en Crystal Lake.
Según el fiscal Patrick Kenneally, JoAnn golpeaba a “AJ” con frecuencia. También le daban duchas heladas a modo de castigo. La autopsia reveló que el nene murió por los golpes que recibió en la cabeza y tenía sangre en sus pulmones. En la frente, los forenses pudieron ver con claridad decenas de pequeños círculos. Se trataba de la marca que le había dejado el pomo de la ducha con el que su madre lo torturó por haber mojado su ropa interior. El pequeño también tenía moretones y abrasiones en torso, brazos y piernas. “Cunningham golpeó a este niño hasta el borde de la muerte, lo dejó encerrado en su habitación donde tuvo que atravesar solo el sombrío proceso de la muerte”, dijo Kenneally.
La mujer se mostró arrepentida, lloró, oró y rogó al juez por su clemencia. “Tuve el privilegio de tener a AJ como mi hijo. Lo amaba, lo extraño”, declaró.
Aberrante: se victimizó delante del juez
Durante el juicio, JoAnn Cunningham hablaba de su hijo como si hubiese sido asesinado por otra persona, y describió varias veces el “amor” que tenía por “AJ”. La mujer de 37 años se refirió sólo en términos vagos a la muerte del nene, y eligió describir su propia vida difícil. “Soy una prueba viviente de lo que el abuso físico y mental pueden crear”, sollozó ante el juez. La muerte de AJ desencadenó investigaciones sobre el sistema de bienestar infantil y el despido de un trabajador estatal y un supervisor. El padre, también acusado de asesinato en primer grado, aún no fue juzgado.