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Una pareja engañó a un anciano y a punta de pistola le robó 1.100 pesos

Pedro Caseres tiene 76 años y vive en el barrio Confluencia. Fue asaltado por dos jóvenes que le preguntaron por un auto que tenía para vender. "No me aguanta más la piel", dijo.

Neuquén > “Primero me mataron a un hijo, luego murió mi esposa y ahora que estoy enfermo me asaltaron. No resisto más”. Don Pedro Caseres, de 76 años, vive hace más de 30 en el barrio Confluencia y la tarde del martes fue engañado por una pareja que se acercó a su casa preguntando por el Fiat 600 que tenía en venta. Pero en un descuido lo encañonaron con una 9mm y le robaron toda la plata.
“Me levanto de una siesta, llevo una silla afuera para descansar, y por ahí aparece una pareja que me dice ‘buenas tardes’. Muy desenvueltos los dos, y bien vestidos. El hombre me pregunta por el Fiat 600, yo me paro para hacerlo pasar y que lo vea, pasa y la mujer se queda afuera”, relató.
Mientras ella esperaba a su compañero, sentada en la silla que abandonó la víctima, su compañero miraba adentro el vehículo. Pero al volver sobre sus pasos, sacó una pistola, similar a la 9 milímetros que utiliza la Policía.
Don Pedro recordó que el ladrón le dijo “dame toda la plata”, y que él le respondió: “Tenés mala suerte porque sólo tengo 1.100 pesos para comer. Y se los di, no me iba a resistir”. No conforme con eso, la víctima lamentó que se llevara su celular. Ni siquiera le perdonó el cargador.
 
Fuga
“Fue lo único que se llevó, después se puso la pistola en la cintura y se fue. No alcancé a ver para dónde se iba con la mujer, cuando llegué a la puerta no estaban más”, contó. De tanto en tanto, sentado en su casa de calle Chos Malal interrumpe su relato con un mate de por medio. Hace una pausa, respira hondo por una sonda que le provee oxígeno, y prosigue.
“Camino para no tullirme, pero no llego a la esquina. Y en ese momento estaba solo”, afirmó. Lo primero que atinó a hacer es llamar a la señora que limpia su casa. Luego se comunicó con su hijo Claudio.
“No lo puedo creer, ni lo asumo todavía. Es una infamia”, sostuvo, bajo la sospecha de que alguien pudiera pasarles el dato a los autores, respecto del auto que tenía en venta.
Padre de cuatro hijos y abuelo por siete, es nativo de Neuquén y en el barrio dice que “es más conocido que la yerba”.
Vendió caramelos, hachó alamedas, aró con caballos la tierra de varias chacras en la zona. Boxeó en un viejo ring que improvisaban en Olascoaga y Alcorta. Fue cocinero del ADOS muchos años, tuvo una despensa y; en la recta final, se fue a trabajar “con los yanquis” de petrolero. “No dejé cosa por hacer”, sintetizó.
Hace algunos años sufrió una Epoc (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) por el cigarrillo. Siete meses atrás lo dejó y una mochila de oxígeno lo acompaña a todos lados. “Llueve sobre mojado, no me aguanta más la piel”, dijo al recordar el robo que sufrió; pero no pierde el gesto amable de compartir recuerdos entrañables y un mate amargo. Entonces sí le cambia la cara y sonríe. Por el hecho radicó una denuncia en la Comisaría 19.

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