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Urmenio del Carmen Figueroa: un pionero solidario y servicial

Participó en la construcción del Dique Contralmirante Cordero. Una calle del barrio Colonia Confluencia lleva su nombre, al igual que el Balneario sobre el río Neuquén.

Urmenio nació el 29 de marzo de 1910 en la localidad cordillerana de Nahueve, en las cercanías de Andacollo. Su madre fue Florentina Figueroa y tuvo cuatro hermanos: José, Haydee, Cupertina y Flor María.

Cursó hasta tercer grado en la escuela de Chos Malal, donde su mamá trabajaba como auxiliar de servicio. A esta capital arribó muy joven. Construyó su humilde vivienda en Colonia Confluencia, en tierras que le compró a don Armando Vidal, entonces Administrador de la Compañía Nueva España.

Formó su familia con Ana María Paredes, a la que conocía de Chos Malal por haber concurrido a la misma escuela. El reencuentro se produjo gracias a los hermanos de Ana María, ya que fueron compañeros de Urmenio en la construcción del Dique Contralmirante Cordero.

La pareja tuvo tres hijas: Elsa, Hilda, que falleció al año de vida, y Alicia. Elsa es viuda de Horacio Figueroa, gendarme. Tuvieron dos hijas, Mariana y Claudia, y varios nietos.

Alicia está casada con Enrique Borella, que trabajó en el campo. Tuvieron tres hijos, Marisa, Silvana y Leonardo, este último fallecido, que les dieron muchos nietos.

Las hijas de Urmenio vivían al momento de la entrevista en la chacra donde nacieron y se criaron, inmueble ubicado en las calles Figueroa y Los Álamos de esta ciudad.

Ana María vivió acompañada de sus hijas y de Manuel Ferrari, un sobrino que vivió en la misma chacra con Elsa y Alicia, cada uno en su respectiva casa dentro del mismo terreno.

Reconstruimos su historia con datos aportados por la Srta. Liliana de la Escuela N° 103 y por una nieta de don Urmenio, Mariana, que nos relató lo siguiente:

“Mi abuelo fue uno de los primeros colonos de Colonia Confluencia, colaboró en todas las obras y adelantos que se hacían en el lugar: desmontando la zona, ayudando a los vecinos prestándoles herramientas, luchando contra el avance del río Neuquén construyendo defensas por la fuerza de las crecientes de aquellas épocas que inundaban las tierras.”

“Fue vicepresidente del Club Confluencia, que ya no existe más, se desempeñó en la cooperadora de la Escuela Nº 103 junto a Maximino Todero, que en ese momento era el presidente; también en el dispensario (el antecedente del Centro de Salud), entre otras tareas”.

El trabajo en Confluencia

Fueron múltiples los trabajos desarrollados por don Urmenio en una zona inhóspita: emparejó los terrenos, ya que crecían los arbustos y un arenal, en el lugar en donde se desarrollarían posteriormente las chacras. También ayudó a trazar las calles rurales con caballo y rastrón. Fue empleado de don Rosauer, el reconocido empresario de rosales y frutales residente en la vecina localidad de Cipolletti. Bajo su tutela aprendió a realizar injertos, tarea que, luego de desvincularse de Rosauer, desempeñó sin descanso en forma particular.

También trabajó de albañil junto a Rufino Uzábal, recordado constructor del antiguo Neuquén. Tuvo a su cargo levantar puentes sobre los desagües y canales de la calle que hoy lleva su nombre.

Además de las labores en el barrio, don Urmenio participó, en 1937, de la construcción del Puente Carretero que une a Neuquén con Cipolletti; en la terminación de la construcción del Patronato de Menores, calle Obreros Argentinos al 900, y en la ya mencionada construcción del Dique Contralmirante Cordero.

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Urmenio y toda su familia.

La tarea solidaria

En aquellos tiempos no existía aún Día del Niño, pero don Urmenio organizaba, junto con otros vecinos, una colecta de juguetes para entregarlos a los niños en el predio en donde hoy está el monumento a Ceferino Namuncurá.

La calle que lleva su nombre

A los cuatro meses del fallecimiento de Urmenio, la comisión del Club Social y Deportivo decidió por unanimidad colocar a una de las calles de la Colonia Confluencia el nombre de Urmenio del Carmen Figueroa en reconocimiento a sus aportes al barrio.

Su nieta Mariana nos mostró la carta que le enviara la Comisión del Club Confluencia a la familia de don Urmenio, mediante la que les notificaba la decisión de la propuesta. Entre las fundamentaciones figuran “el mérito a su personalidad, al gran amor demostrado al Club, a través de muchos años, a su actividad útil en todo aquello que significaba su actividad pública y privada, y en homenaje a todo lo bueno y válido que hizo a favor de todos los habitantes de la Colonia Confluencia”.

Además, el Club resolvió cubrir los gastos ocasionados por su enfermedad y, en el tiempo de su fallecimiento, hacer lo mismo con los costos que implicó la construcción de su tumba en el Cementerio Central. Firmaron estas decisiones los entonces directivos del mencionado Club, Sres. Juan A. Torres y Juan Grossenbacher.

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El Balneario Figueroa

En el verano 2007-2008 se inauguró el Balneario Figueroa, único de la capital neuquina sobre el río Neuquén. Su instalación no fue difundida ya que ni sus hijas fueron notificadas.

Hoy, el predio se encuentra clausurado, según nos contó la nieta, debido a la contaminación de las aguas. Para ella, las autoridades municipales y provinciales deslindan sus respectivas responsabilidades. De acuerdo con la información brindada por matutinos locales, la contaminación se debe a que el Parque Industrial de Neuquén y localidades vecinas vierten líquidos crudos y cloacales, sin tratar, al río Neuquén. Los funcionarios responsabilizaron al EPAS y a Recursos Hídricos de la Provincia por no hacer las obras necesarias para solucionar el problema.

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Urmenio en el balneario que lleva su nombre.

Urmenio falleció el 31 de enero de 1965, mientras trabajaba como albañil. Tenía 55 años de una vida plena e intensa, Sencillo y modesto colono que surcara la tierra de la Confluencia para que se convirtiera en el vergel que hoy es. Su memoria perdura en el fruto de sus nobles acciones, y se verá afianzada cuando se frene la contaminación de las aguas del río Neuquén y recobren la claridad y nitidez que don Urmenio conoció. Ojalá las autoridades de mi provincia y municipio cesen de talar los árboles de la zona de los ríos, y del centro de la ciudad neuquina, que son testigos de aquellos momentos en que los hombres pusieron manos a la obra para transformar estas tierras en vergel.

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