La empresa responsable-la española Azvi- colocó al revés una de las piezas principales (una de las plataformas móviles). En consecuencia, el puente sufría una desviación de 75 centímetros entre el eje estructural fijo y su parte móvil, por lo que cuando no estaba elevado, en el centro se creaba un bache y el carril para bicicletas quedaba divido a la derecha en un mitad del puente y a la izquierda en la otra.
El error fue detectado en 2014, momento en el que estaba el 95% del puente construido.